Una ciencia bolivariana, endógena y revolucionaria por Jaime Requena
agosto 9, 2005 por admin
Publicado en Ciencia, Política y Sociedad, Opinión
El Nacional Martes 09 de Agosto de 2005
Días atrás, Rigoberto Lanz, en un artículo de opinión en estas páginas, señaló que las fundaciones del altar de la ciencia nacional estaban siendo sacudidas por la voluntad gubernamental de hacer corresponder la visión bolivariana de la organización de la sociedad, con un nuevo enfoque de la ciencia. ésta debía abandonar su modelo tradicional basado en un “fulano método científico”, calificado como “autoritario” y lleno de una racionalidad de “dominación”.
De acuerdo con su particular óptica, la Quinta República no debe seguir perdiendo el tiempo en quienes le asignan al conocimiento un valor universal y, muy probablemente, sistémico, abierto e intemporal.
Por ello, aconseja a la ministra de Ciencia que le eche piernas a revolucionar al sistema productor de conocimiento, pero sin esperar los avances de la reformulación ideológica.
Y es que esa parte del proceso apenas empieza, estando en manos de un grupo que se devana los sesos tratando de descubrir las vías filosóficas y epistemológicas que, habiendo permanecido ocultas a tantos y por incontables números de años, permitirán transformar los republicanos Juan Bimbas en bolivarianos Simones.
El criticado paradigma es el que ha guiado al mundo durante los últimos 25 siglos en la búsqueda del conocimiento y, dentro de la civilización, legitima que un número como el valor de la constante de Hamacker-van der Waals para interacciones hidrofóbicas, que encontré hace 30 años, tenga el mismo valor aquí, en La Habana o en Pekín. Como hallazgo científico, su ámbito de aplicación es el más general y universal. Por su naturaleza, no se le puede asignar una categoría propia de lo moral; bueno o malo, en ciencia éstas sólo son pertinentes en cuanto a la calidad académica del conocimiento. Bondad o maldad, sólo tienen relevancia dentro del mundo de lo práctico mientras que, dependencia o dominación, son nociones más propios de los vericuetos del poder, asunto que no suele quitarle el sueño a los hombres y mujeres en los laboratorios de investigación.
Cuando un régimen acude a mecanismos ideologizantes, elaborados sobre construcciones cientificistas o sofismas pseudointelectuales, para sacudir las bases de sus estamentos profesionales, los resultados han sido auténticas catástrofes sociales. Las calificaciones de trabajadores a través de filtros ideológicos, junto con la imposición autoritaria de líneas de pensamiento único, como en el tristemente célebre caso del paradigma genético de Lysenko, llevó al caos a la agricultura soviética en la época de Stalin y, como herencia hasta nuestros días, la virtual muerte de su biología molecular y su biotecnología.
En la muy bolivariana república, la razzia de talento en Intevep el 4 de febrero de 2003, logró la virtual desaparición de esa institución, ícono del desarrollo de nuevas tecnologías y acciones de servicio al sector de hidrocarburos. El Intevep que solía publicar unas cuantas docenas de trabajos científicos y tecnológicos cada año, retrocedió a sólo 4 (cuatro) entradas en la base de datos del ISI durante el año pasado. En otras palabras, de producir casi 4% de todo lo publicado en ciencia y técnica desde Venezuela, esa institución vio reducida su participación a un décimo de su promedio histórico.
Si bien se podría argumentar que esos artículos de factura académica (por estar sometidos a procesos de revisión por pares, y publicados en revistas internacionales del más alto prestigio) no son el mejor indicador de la actividad profesional de una institución como Intevep, el número de patentes, sí debería reflejar su capacidad de creación y liderazgo tecnológico.
Un análisis de esta información confirma la magnitud del descalabro sufrido por este instituto. Mientras que solía obtener dos a tres docenas de patentes cada año, durante 2004 apenas le fueron concedidas algo más de media docena.
Lamentablemente, lo que todo el mundo preveía después del despido de 881 tecnólogos, profesionales y técnicos se ha hecho realidad: no es viable una institución que se da el lujo de prescindir de la mitad de sus trabajadores más calificados y con máxima experiencia.
Parafraseando y llevando el asunto al terreno de la praxis como nos invita Lanz al final de “¿Cuál ciencia?”, es evidente que la poca investigación que actualmente se lleva a cabo en el país se la debemos a lo que la Cuarta República nos dejó en herencia mientras que, la ciencia que deberíamos estar haciendo junto con los muchos desarrollos tecnológicos que podríamos estar logrando, se constituyen en el verdadero brete que la Quinta República le está dejando a nuestro hijos.
jaimerequena@cantv.net
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