5 y 75 años después: Viva la Muerte por Juan José Martín Frechilla
abril 14, 2006 por admin
Publicado en Ciencia, Política y Sociedad
El que lo gritó sabía, como su jefe, lo que se traía entre manos. Había que matar, lo antes posible y sin dudar, a quien estuviese a favor del proceso que se había iniciado, hace hoy 75 años: la Segunda República Española. Un golpe de estado desde las colonias africanas fue el detonante; en abril de 1939, tres años después de la asonada militar, comenzó la represión de los que no murieron ni pudieron escapar. Cárcel y muerte de unos; para otros depuración y despojo de su trabajo para colocar falangistas militantes, fieles al proceso.
La educación fue uno de los sectores depurados con mayor violencia: !Ah las ideas y su difusión! Los maestros y profesores que no tuvieron la posibilidad del exilio ¿suerte o desgracia?- tuvieron que inventar otras formas de supervivencia. A las ignominiosas listas calificarlas de negras es racismo puro-, se incorporaban los sospechosos de haber firmado alguna vez en libertad, apoyos o denuncias; las ignominiosas listas elaboradas con los simpatizantes del segundo intento de abandonar la monarquía por la república eran el referente para determinar el derecho al trabajo, a las oposiciones para los cargos públicos, para el ejercicio profesional, técnico y de servicios.
El franquismo copó todos los entresijos del poder. Los tribunales de excepción cuando los hubo para no ser en exceso descarados- tenían listo su dictamen antes de iniciar el juicio correspondiente; la venalidad para complacer al nuevo y victorioso gobierno creció; las conciencias fueron acalladas por la necesidad de sobrevivir. Quienes aspiraban a los puestos dejados por los exiliados debían certificar su lealtad al movimiento para asegurar el cargo. En medio de la hambruna de los más, de detenciones y desapariciones a granel, la vida cotidiana recuperó su cotidianidad, algunos han llamado a estos tiempos del primer franquismo los del exilio interior.
Ya instalados y fortalecidos, tranquilos porque Yalta no se había ocupado de ellos, comenzaron a edificar las mentiras. Esas que repetidas había asegurado el ideólogo nazi que pasarían a ser verdades. Guernica había sido el primer ensayo de la puesta en práctica de estos consejos: repetir una y otra vez que habían sido aviones republicanos camuflados de alemanes. Pero ya eran otros tiempos, el triunfo militar no requería de tales subterfugios. Eran tiempos de ganar indulgencias hacia fuera mientras la represión iba por dentro.
Así, los presos republicanos fueron obligados a construir el Valle de los Caídos como monumento oficial del gobierno franquista. Cruces y estatuas, mausoleos, mármoles y placas forjaron allí la historia oficial del régimen. Si los especialistas en artes plásticas definieron como realismo socialista el que se inauguró en la Unión Soviética a la muerte de Lénin, aquí estábamos ante el realismo falangista, suerte de híbrido católico fascista que expresaba el litúrgico estribillo: por Dios, por la Patria y el Rey, murieron nuestros padres, por Dios, por la Patria y el Rey, moriremos nosotros también.
En ese Valle de los Caídos permanece hoy el responsable de tanta muerte, quien, como Gómez, murió en su cama. La tan alabada transición española, llena de chapuceros y desmemoriados remiendos, no siguió en 1975 el camino de los tribunales que en 1945 se crearon en Venezuela para confiscar los bienes mal habidos desde 1908 y determinar culpas. Aquí, los presoneros tanto del gomecismo como del postgomecismo fueron puestos, en muy buena parte con razón, bajo sospecha y a la orden del Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa. Así, un jurado que incluyó a un comunista y contó con el aval de un procurador cristiano, encontró culpables de peculado a 108 venezolanos, entre ellos el gobernador de Barinas de Gómez. Mientras allá, desde 1975, Fraga, que confirmó en el gabinete ejecutivo los últimos fusilamientos del régimen siguió tan campante y son escasas las placas que recuerden a los que no murieron por el estribillo de marras.
Es muy probable que no hubiese escrito esta carta, con su terrible título, sin la imagen de Rangel ante el monumento conmemorativo, celebrando la muerte y agradeciendo a los pistoleros ocasionales. Pero también es cierto que recordar 75 años después a la Segunda República ha sido una forma de no olvidar un pasado más presente.
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