Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 4 | 02 | 2012

¿Ideas ingrávidas? por Javier Biardeau

El Nacional – Jueves 22 de Junio de 2006 A/6

Parece que las pasiones dominan la lógica del concepto, mucho más de lo que podían imaginarse los paradójicos vuelos del búho de minerva. Quienes exigen la argumentación, bien podrían exhibir pruebas consistentes de que sus perspectivas se eximen de la descalificación y del argumento de autoridad como recurso retórico. Pero no sucede así. Rigoberto Lanz es ahora un discípulo de Chávez: Denuncia constantemente la “racionalidad dominante, la lógica imperante, la episteme que domina”, pero no hay la menor explicación de lo que significan esos términos. Denuncia las ideas sobre la “verdad”, el “método científico”, el “progreso”, que se han vuelto normales no obstante ser “bagatelas” (sic) que funcionan en la mente de tanta gente.

Ciertamente, pedir explicaciones sobre lo que significan ciertos términos del vocabulario posmoderno, debe generar en Lanz un envío inmediato de su ultimo texto al filósofo Vásquez. Tal vez, se hubiese inmunizado de ciertos estados de cólera que la exposición mediática genera en ciertos espíritus, sobre todo cuando la hostilidad se desplaza de los “objetos malos” a los “objetos sustitutivos”. ¿Logrará la Misión Ciencia que dirige el profesor Lanz poner fin a todo ese predominio de la razón, tal como nos anuncia la actitud paranoica del maestro pensador? Como sentencia Vásquez: “Más apropiado sería llamarla misión anti-ciencia o misión de la irracionalidad”.

Es sabido que Hegel trató con mejor disposición anímica a lo que denominó como “irracional”. Vásquez quiere imponer el concepto de irracional a lo que desconoce. ¿Residuos de la mentalidad infantil?…

quién sabe. Cuando se afirma que “no hay más ciencia que la que conocemos”, uno podría interrogar cuál es el estatuto de ese “nosotros” que invoca el enunciado. Tal vez, las tensiones que generan términos como “ciencia normal”, “revoluciones científicas”, “programas de investigación”, “giro lingüístico”, “tradiciones de investigación”, “umbrales epistemológicos”, “post-positivismo” y otros idola tribu que habitan con naturalidad los climas de sentido de la condición posmoderna afecten los prejuicios fósiles de una modernidad conservadora, típicamente reaccionaria en el plano político. Nadie simpatiza con la “eliminación” (la paranoia de Vásquez podría denominarla “solución final” ) de la Modernidad, menos la tribu posmoderna, que depende de la crisis de la Modernidad para lograr su eficacia en el campo intelectual.

Pero defender lo más arcaico de la Modernidad, no será una forma de contramodernidad velada.

Quienes aún sostienen que “hay una verdad por descubrir”, a pesar de proponer luchar contra verdades anteriores y estableciendo “nuevas verdades” siguen presos de un prejuicio evolucionista, que supone que una suerte de “racionalismo crítico” ofrece una auto-imagen reconfortante de la caja negra de la actividad científico-intelectual. Popper y Albert lo han hecho mucho mejor. Pero la historia de las prácticas científicas no ofrece una adherencia a éste metarelato progresista. Sobre la vigencia inmaculada de esa arcaica figura del “método científico” hay demasiada literatura y tinta, y este ha sido el verdadero progreso.

Obviamente este progreso no tiene que ser eliminado.

Ahora bien, mantener prejuicios fósiles sobre las prácticas y comunidades científicas, en nombre de la gravidez de la Modernidad Liberal, aparece como una defensa de una tradición entre otras, una tradición que pierde su fertilidad intelectual.

Quienes hayan leído y comprendido los textos de Lanz pueden constatar la centralidad de la crítica en su producción teórica. Lo que ocurre es que el maestro Vásquez entiende por crítica el reemplazar “el poder político monárquico, respaldado por el poder religioso, por el poder de la razón”. Es verdad, dice Vásquez: “La modernidad es la época de la razón. Es la época de los derechos del hombre y del ciudadano.

Es la época en que es abatida la monarquía, la aristocracia, y ese poder es sustituido por los gobiernos republicanos y democráticos. Y todo ello ocurre por el surgimiento de la burguesía, de una clase que cambia el significado del trabajo, el cual no es un castigo de Dios, sino un medio de lograr una posición social, en contra de la opinión de la Iglesia”. Semejante defensa de la burguesía ascendente del siglo XVIII no encuentra ninguna referencia histórica en esta época de descomposición del espíritu burgués en la globalización corporativa-neoliberal.

Esto sería demasiado. Obviamente, Chávez irrita a los maestros pensadores. Tanto como cualquier figura del personalismo político latinoamericano, de derechas o de izquierdas. Su mente habita los textos y su imaginación los mundos inexistentes de la Europa idealizada. Disociación intelectual. Nuestras realidades requieren más que aplicaciones de prejuicios fósiles, hay que pensar críticamente, no a repetir que hay que pensar críticamente.

Finalmente, no fueron los sociólogos los que han repetido constantemente que todo el malestar de la cultura se debe a la racionalidad instrumental. Ni siquiera Weber llegó a tanto. Fueron Adorno, Horkheimer y Marcuse, los que interpretaron el espíritu hegeliano desde la negatividad y no desde las falsas reconciliaciones.

A Rigoberto Lanz le ha tocado la triste suerte: ser objeto de una animosidad pre-política disfrazada de razón crítica. Suerte en tu tarea.

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Una Respuesta a “¿Ideas ingrávidas? por Javier Biardeau”

  1. La realidad como concepto pasa por su constante reconstrucción, no por un estado estático predecible. La realidad pasa por un filtro y peso que imprime su contexto. La modernidad se paseó por ese contexto de su época. La modernidad hoy en día está en proceso permanente de construcción, reconstrucción, deconstrucción dialéctica. La imaginación y la presión a que se orienta el destino prefigurado en un "proyecto político", hace que el referente histórico contextual de un "nosotros y un ahora" se observe contradictorio a la predisposiciòn de la ciencia de una realidad "normal", con la que se trata de romper, de superar, de sobre pasar ideológicamente y contetualizadamente . La realidad como concepto está en crisis, también deberá decir entonces que está construyéndose.

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