Enseñanza e ideologización por Luis Enrique Oberto G.

 El Universal

oberto.jpgAún cuando es sabido, bueno es recordar como terminó en un estruendoso fracaso el ensayo que el régimen totalitario comunista le impuso por más de 70 años a los pueblos de la Unión Soviética, sin importarle los sacrificios y las penurias a que los sometió con la excusa de la construcción del hombre nuevo el “hombre-hormiga” como lo llamó Michel Héller en su obra El hombre nuevo soviético -De la utopía a la realidad- planteado como requisito para la realización de la utopía proclamada; sólo promovida por el régimen con el propósito de someter a dichos pueblos por siempre.

Un estruendoso fracaso, puesto de manifiesto a toda la humanidad la noche del 9 de noviembre de 1989 en la que cayó el Muro de Berlín y en diciembre de 1991 con la disolución de la URSS. Por eso, resulta absurdo, que ahora, en el siglo XXI, gobiernos de países de América Latina con la misma orientación, en particular el nuestro, contrariando el querer de la mayoría de los ciudadanos promuevan la ideologización de la enseñanza con idéntico fin, y la modificación de la Historia y la identidad para facilitar sus acciones, a sabiendas de los perjuicios que tal proceder acarreará a nuestros pueblos.

La simplificación de la enseñanza de la Historia en nuestro país, sin la protesta de buena parte de quienes por su conocimiento de la materia y su posición académica estaban llamados a elevar su voz sobre la cuestión, nos ha conducido a que por la superficialidad de sus contenidos de poco sirva como sostén de la reafirmación de nuestra identidad. Lo que coloca a nuestros niños y adolescentes -sin una buena formación histórica- en condición propicia para aceptar la siembra de odios, la alteración de la historia nacional y la promoción de ideologías extrañas y héroes ajenos a nuestra idiosincrasia.

Por supuesto que la superación de tal situación no es una cuestión de pareceres de sectores ni de personas en particular.

Es cuestión del atropello a la libertad y la dignidad de cada ciudadano que implica ese proceder, cualquiera sea la forma como el régimen interprete o use las leyes, cuando pretende imponer a través de la enseñanza un pensamiento político que menoscaba en sus bases esos derechos, mediante su inserción en los espíritus de los niños y adolescentes utilizando la enseñanza. Nadie puede llamarse a engaño.

Hasta dónde son capaces de llegar los totalitarios y a quién encarnan también es sabido a esta altura de la historia del mundo, después del daño que en el siglo XX causaron a toda la humanidad.

luisoberto@yahoo.com

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