Postmodernismo y la Misión Ciencia por Heinz R. Sonntag
febrero 11, 2007 por admin
Publicado en Ciencia, Política y Sociedad, Misión Ciencia, Opinión
AnalíticaPremium Viernes, 2 de febrero de 2007
Esta primera mirada al sistema de las Misiones, incluida la de Ciencia, impone una observación inicial. Su estructura institucional es prácticamente para-estatal. Ello lleva a una conclusión acerca de la visión de Estado que cultivan las elites de la Revolución y especialmente su líder.
I. Mi primer encuentro serio con el postmodernismo ocurrió en el año 1981, cuando, más bien por casualidad y en medio de mis preocupaciones principales de aquel entonces en el marco de la ciencia social latinoamericana, leí una reseña de Juergen Habermas sobre una exposición de arquitectura “moderna” y “postmoderna”1 . Según él, el prefijo “post” tiene el significado de “tomar distancia”. Expresa siempre una experiencia de discontinuidad, pero indica posiciones diferentes respecto del pasado del que se distancia. Solo dos ejemplos: Los sociólogos quieren significar con la palabra postindustrial solamente que el capitalismo industrial se ha desarrollado más e incluye ahora también los servicios; los filósofos desean señalar con el concepto postempirista que ciertos significados normativos de la ciencia han sido superados. Lo cierto es que las versiones arquitectónicas, sociológicas, filosóficas y epistemológicas en conjunto implicaban la negación del Iluminismo de los siglos XVII y XVIII y un cuestionamiento de su principal bandera, esto es: la de la razón . “Esta es la razón por la cual la idea de postmodernismo es la verdad negativa de la modernidad. … (El) no entrega otra narrativa sobre la historia sino que niega simplemente que la historia esté de alguna manera encerrada en semejante blindaje”2 . Sin embargo, “Historia, como opuesta a historia con ‘h’ minúscula, es para el postmodernismo un asunto teleológico. Esto es: depende de la creencia que el mundo está moviéndose hacia un objetivo predeterminado que es inmanente hasta ahora y provee la dinámica de su desenvolvimiento inexorable. Historia tiene su propia lógica y co-opta nuestros proyectos aparentemente libres para sus propios fines inescrutables.”3 Partiendo de la proclama de Michel Foucault de que “La razón es la tortura”, “En la demonologia posmodernista, el Iluminismo tiene la directa responsabilidad histórica para GULAG y Auschwitz” y, para ella, “razón es poco menos que la ventana ideológica al eurocentrismo y sus inherentes horrores.”4 En los años posteriores a los primeros trabajo de postmodernistas como Lyotard, Blanchon, Bataille, Baudrillard y otros, la literatura científica que se fundamenta en, y fundamenta, el postmodernismo se extendió considerablemente y con ella, desde luego, su critica. El filósofo y filólogo ingles Terry Eagleton ha propuesto hace unos diez años diferenciar entre postmodernismo como una forma de la cultura contemporánea y postmodernidad cual estilo de pensamiento “que sospecha de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o emancipación, de las grandes narrativas o ultimas bases de explicación.”5. Richard Wolin vincula el postmodernismo con el anti-racionalismo del romanticismo alemán a comienzos del siglo XIX, luego de Nietzsche y con el antihumanismo de Heidegger, así con la aversión del postestructuralismo contra la democracia.6
Por su relevancia para la oposición razón-sinrazón, es útil recordar al debate entre los representantes del postmodernismo y los seguidores de Habermas, en su proyecto de defender la “modernidad como un proyecto inacabado o incompleto”, causa por la cual las reacciones postmodernas llevan el sello de lo reaccionario y no los signos de una liberación.7 El postmodernismo es para él una de las vertientes del neoconservadurismo, es decir, de aquellos que creen que el desarrollo capitalista y tecnológico ha de proseguir pero es incompatible con las demandas culturales de la modernidad, especialmente con la postura de que una sociedad pueda moldearse y funcionar de acuerdo con otra razón que la mera tecno-económica, esto es: la que Max Weber llamaba “la razón substantiva”. En las palabras de Wolin: “Tanto los contrarrevolucionarios como los postmodernistas no están interesados en un mero criticismo de la razón. Ambas corrientes tienen objetivos más elevados. Buscan destruir y desmontar el edificio de la razón en su totalidad. Cuando filósofos como Kant asociaban la razón con atributos como madurez y autonomía, sus antagonistas la consideran responsable para todo tipo de injusticia social y catástrofe”8. II.. En nuestro país, la adopción del postmodernismo fue la obra de un grupo de científicos sociales encabezado por el sociólogo Rigoberto Lanz, en los años 80, en el marco de una institución por él fundada: el CIPOST, perteneciente formalmente a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela pero de facto independiente. Lanz y sus colegas lanzaron una verdadera ofensiva intelectual-académica con publicaciones propias y traducidas, una revista, seminarios y otros eventos. Cabe destacar que esta ofensiva tuvo repercusiones en todo el paisaje de las instituciones de educación superior en el país y también en la región, no en ultimo lugar por la capacidad de marketing de Lanz en “vender” un conjunto de planteamientos aparentemente novedosos, en circunstanciai en las que la ciencia social latinoamericana en sus dos principales vertientes de desarrollismo cepalino y dependentismo sufría una severa crisis, manifestación de las debilidades reales de los modelos de desarrollo basados en estas corrientes.
Curiosamente, el grupo de CIPOST (con algunas excepciones) apoyó no solamente los dos intentos de golpe de Estado del 4-F y 27-N de 1992, sino que se adhirió también a la campaña del Teniente Coronel (Ej. ret.) Hugo Chávez Frías cuando este decidió, alrededor de 1996, entrar en la carrera por la Presidencia de la Republica en las elecciones de 1998. Al ganar Chávez, se convirtieron en militantes de la “Revolución Bolivariana” (luego rebautizada “Socialismo del siglo XXI”). Algunos de ellos lograron ubicarse en posiciones cercanas al poder presidencial, otros apoyaron el proceso mediante escritos, consultorios y otros trabajos, así como en su docencia e investigación universitarias. Dado el hecho de que Chávez no solo transformó el paisaje político del país a través de la Constitución de 1999, sino que además acumuló creciente poder en sus manos y las de sus más estrechos colaboradores, el debilitamiento de la democracia resultó cada vez más claro. Ello no pareció molestar mayormente a los postmodernos colegas del CIPOST, lo cual no es sorprendente dada la ya mencionada virtual hostil actitud del postmodernismo hacia la democracia.
Este mismo grupo, en especial bajo el liderazgo de Rigoberto Lanz y de algunas investigadoras e investigadores del IVIC y profesoras y profesores de la UCV y de otras universidades, autónomas y “experimentales”9, promovió una Misión Ciencia, al estilo de otras Misiones para, por ejemplo, alfabetizar toda la población, establecer una sistema de salud en los barrios populares, promover el avance de jóvenes con estudios secundarios interrumpidos o no a obtener el bachillerato, introducir hombres y mujeres más o menos jóvenes en los estudios superiores, enseñar destrezas y capacidades a desempleados y desempleadas, etc. El régimen de Chávez Frías estableció las misiones a partir de 2003 con miras a elevar otra vez su imagen pública, algo decaída, con miras al Referéndum Revocatorio Presidencial en agosto de 2004. Logrado este objetivo, esto es: habiéndolo ganado (con o sin trampas montadas por el Consejo Electoral Nacional – CNE), mantuvo las misiones y agregó más a las existentes, entre ellas la que nos ocupa.
El mecanismo de las Misiones es igual para todas: Los y las que están inscritos e inscritas reciben una suerte de beca, con un monto variable de acuerdo con el tipo de objetivo de la respectiva Misión. Los objetivos, procedimientos administrativos, curricula, tiempos y demás detalles son fijados por la Presidencia del Estado, mas no diseñados ni consultados con aquellas instituciones del mismo que tienen a su cargo la salud publica, la educación, la educación superior, etc., de modo que las Misiones funcionan paralelas a la institucionalidad formal-constitucional del Estado. Tampoco se consultan organizaciones de la sociedad civil que tengan que ver con los objetivos de las Misiones. El financiamiento proviene directamente de la Presidencia, no aparece en el presupuesto anual aprobado por la Asamblea Nacional y no está sometido al control normal de los demás órganos de la Administración Publica.
En el caso de la Misión Ciencia, sin embargo, existe una vinculación con el Ministerio de Ciencia y Tecnología. La Ministra (y ahora el Ministro) y demás altos funcionarios y funcionarias tienen una cierta ingerencia funcional, a pesar de que, como ya señalamos, el diseño de la misma haya sido hecho por un grupo de científicos que militan en las filas del “chavismo”, una vez más sin ningún tipo de consulta con las instituciones científicas, especialmente las seis universidades autónomas del país, las Academias y la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC). Estas fueron informadas a posteriori , al estilo de “tómalo o déjalo”.
Esta primera mirada al sistema de las Misiones, incluida la de Ciencia, impone una observación inicial. Su estructura institucional es prácticamente para-estatal. Ello lleva a una conclusión acerca de la visión de Estado que cultivan las elites de la Revolución y especialmente su líder. Es una característica del totalitarismo, llámese fascismo o comunismo, el que sus lideres y protagonistas diseñan y construyen un conjunto de instituciones y estructuras paralelas a las previstas en las constituciones y leyes de los Estados que conquistan, conjunto que depende del partido y, en ultima instancia, del líder (independientemente de cómo este ha llegado al puesto que ocupa, por elecciones o un golpe de Estado – presidente o primer ministro o canciller). Estas instituciones y estructuras tienen como fin ultimo el de garantizar que todos los miembros de la respectiva sociedad, además de “ciudadanos” (¿o hay que decir “súbditos”?), estén en todas sus actividades envueltos todo el tiempo en el plan-de-vida que la respectiva ideología les va imponiendo.
Nuestra segunda mirada se centra en la Misión Ciencia. Como cada uno de los totalitarismos implica una visión holistica del mundo y del ser humano en sociedad, la cultura y la ciencia tienen que cumplir determinadas funciones, esto es: deben ser “socialmente pertinentes”. Si nos concentramos en la ciencia, solamente aquellas investigaciones, reflexiones, interpretaciones, análisis, etc. son permisibles (y serán financiados) que ayuden a construir y amoldar la sociedad de acuerdo con la respectiva ideología. Por lo tanto, la Misión Ciencia postula una serie de prioridades, todas relacionadas con el “socialismo del siglo XXI”10 , objetivo final del proyecto que encarnan el régimen y su líder. La distribución de los considerables fondos previstos para esta Misión se hace en función de que las solicitudes de financiamiento, por ende los proyectos, cumplan con alguna o algunas de tales prioridades.
En tercer lugar, una Misión Ciencia concebida en tales términos debe a priori negar los paradigmas que orientan nuestras investigaciones científicas hasta ahora. Como estos se basan, desde Descartes y Newton, pasando por el Iluminismo, el desarrollo de las ciencias naturales y después del pensamiento y la ciencia sociales, a lo largo de más de cuatro siglos, en el concepto y la practica de la razón (en su doble aceptación de racionalidad Tecn.-económica y racionalidad substantiva), la primera deconstrucción que debe hacerse es la de este “monstruo”. Los ideales y principios que ella ha generado y que han sido asumidos y practicados por las sociedades occidentales deben ser destruidos igualmente, al tiempo que las narrativas y las prácticas y los sistemas que ellos nos han ayudado a construir. !Viva la sinrazón , vivan Herder, Nietzsche, Heidegger, Jung, Bataille! !Vivan Maffesoli, Lyotard y demás postmodernistas! Richard Wolin los llama los “seguidores de la sinrazón”. !Mueran los que trataron y tratan de revivir la modernidad y salvar la razón: Adorno, Horkheimer, Marcuse, Habermas, Rorty, Charles Taylor! De aquí a la famosa frase de un general de la Guerra Civil de España: “!Muera la inteligencia!” no es sino un paso.
Claro, con toda la tradición de la búsqueda de la(s) verdad(es) tirada al basurero de la historia y quemada allí, la vida propia de la ciencia muere, y nace una Misión Ciencia, esto es: un conjunto de practicas orientadas por el régimen: “políticas publicas para el sector ciencia” (como si de pesca o turismo se tratase). Parafraseo a Fernando Rodríguez: “La condición de la libertad es la pluralidad.” Agrego que la condición de la pluralidad es la libertad, para sostener que dicha libertad y la pluralidad no deben ser limitadas, no por un Estado como el que tenemos hoy en Venezuela y en la menor de las medidas por ningún Estado. Quiero decir que una política pública del Estado presupone la existencia de estructuras, instituciones y prácticas realmente democráticas, con la participación de todos los ciudadanos. Esto implica algo casi imposible, ya que al hablar de política hablamos de poder: que en una política pública no esté presente la pretensión del poder, mucho menos de un poder absoluto.
Termino con dos constataciones de mi amigo Immanuel Wallerstein, una en forma de pregunta y la otra como afirmación. La pregunta: “?Existe una verdad socialmente localizada que sea útil, y tenga al mismo tiempo alguna base de credibilidad más allá de las afirmaciones de autor? En otras palabras, ¿puede existir una verdad que sea colectivamente validada y controlada pero no al alcance de las demandas imperativas de los participantes en las batallas políticas inmediatas? Y si es así, ¿cómo podemos llegar a ella?”11 Esta, sí, es la cuestión.
Y la afirmación (no la respuesta): “La ciencia social debe recrearse. Debe reconocer que ciencia no es y no puede ser desinteresada, puesto que científicos son socialmente enraizados y no pueden huir más de sus mentes que de sus cuerpos. Debe reconocer que el empiricismo no es inocente, sino que siempre presume algunos compromisos a-priori. Debe reconocer que nuestras verdades no son verdades universales y, si existen verdades universales, son complejas, contradictorias y plurales. Debe reconocer que la ciencia no es la búsqueda de lo simple, sino la búsqueda de la interpretación más plausible de lo complejo. Debe finalmente aceptar que la razón (o racionalidad – HRS) envuelve la elección de una política moral y que el papel de la clase intelectual es iluminar las elecciones que tenemos colectivamente.”12
Este, sí, es el desafío.
Notas
(1) Habermas, Juergen, “Moderne und postmoderne Architektur” , en Idem, Die neue Unuebersichtlichtkeit (El nuevo enredo) (1985), Suhrkamp: Frankfurt/Main.
(2) Eagleton, Terry, The Illusions of Postmodernism (1996), Oxford: Blackwell Publishers, p. 31.
(3) Ibid., p. 45.
(4)Wolin, Richard, The Seduction of Unreason : The Intellectual Romance with Fascism from Nietzsche to Postmodernism (2004), Princeton/Oxford: Princeton University Press, pp. 312-313.
(5)Eagleton, op. cit., p. VII. Pese a esta propuesta, usa en su argumentación generalmente el término postmodernismo.
(6)Wolin, op. cit,, pp., 1 – 23.
(/)Habermas, op. cit., passim.
(8) Wolin, op. cit., p. 311.
(9) Se trata de instituciones dirigidas y supervisadas por el Ministerio de Educación del Gobierno Central.
(10) Es naturalmente “pura coincidencia” que las áreas prioritarias de la Misión Ciencia coinciden en amplia medida con los “cinco motores” que el Presidente Chávez ha anunciado recientemente para la construcción del ese objetivo de diseño societal.
(11) Wallerstein, Immanuel, El legado de la sociología: la promesa de la ciencia social, editado por Roberto Briceño-León y Heinz R. Sonntag (1999), Caracas: UNESCO-CENDES/UCV – Nueva Sociedad, p. 100.
(12) Idem, The End of the World as we know it: Social Science for the Twenty-First Century (1999). Minneapolis-Londres: University of Minnesota Press, p. 155.
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Estupenda sintesis acerca de la postmodernidad y de las consecuencias en un asunto como la Misión Ciencia.
Ahora bien me preguntó si esos colegas de la sin razón, estan dispuestos a tratarse un calculo renal en fase aguda, o cualquier tumoricito “oloroso” a cí¡ncer con métodos distintos a los que esa ciencia racional ha acuñado. Al igual que los indígenas cuando se les pregunta acerca de sus necesidades, invariablemente indican entre ellas la ausencia de médicos con sus medicinas…después de todo, si bien no renuncian a la medicina del chamí¡n -al igual que yo a las recetas de la abuela- estan dispuestos a somenterse al dictí¡men de esa medicina que ha inventado cosas como las vacunas, las medicinas y la prevención.
Lo malo de nuestros colegas postmodernistas es que si bien en la teoría estan dispuestos a incinerar a la razón, y en la prí¡ctica no, pero viven de ello . … causan daño entre los crédulos y los jóvenes que alientan ese romanticismo de regresar a la epoca cuando no habia ciencia ni tecnología…. ah pero había zancudo parejo!
¿Conoce el Prof. Sonntag al CIPOST?
No cabe duda de que una parte sustantiva de nuestra vida académica debe estar dirigida a debatir desde las diversas posturas académicas y políticas que cada uno de nosotros defiende. Nada hay de objetable en plantear una discusión con los diversos actores de la vida pública nacional o universitaria, cada uno de los cuales se defenderí¡ como considere mejor hacerlo. Pero preocupa la manera ligera como se emiten juicios que lejos de ser constructivos contribuyen a debilitar nuestra ‘trama institucional’ y a socavar la poca fortaleza de nuestras organizaciones.
Desde hace ya varios años participo de la amplia discusión académica del CIPOST, en la cual confluyen las más diversas y amplias corrientes del pensamiento. Allí conviven en un í¡mbito de pluralidad y tolerancia diversas visiones conceptuales y posturas académicas. Constituyéndose el CIPOST en un í¡mbito para la discusión amplia de las ideas y para la formación de quienes investigamos bajo el amparo de esa organización. No es conveniente confundir a las personas con las instituciones. El hecho coyuntural de que alguien con una postura particular participe de la vida de una organización no implica que sea necesariamente determinante de las diní¡micas o la postura de la misma.
En efecto, la discusión postmoderna no es más que una de las muchas líneas de investigación que son trabajadas por los investigadores del CIPOST. Parece como mínimo defender la democracia desde posturas poco democrí¡ticas, intolerantes o que intenten descalificar el trabajo de las organizaciones, esto no solo afecta los espacios de convivencia pública que aún nos quedan, sino que adicionalmente debilita nuestro entramado institucional. Yo diría que si el tema esta referido a la protección de la democracia, es precisamente allí, en la salvaguarda de las instituciones, donde mayor énfasis debemos hacer. En tal sentido deberíamos ser cuidadosos en el sentido de no utilizar a las organizaciones como pretexto parta discusiones que, aún cuando, ciertamente, son necesarias, tienen otra carí¡cter.