Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 8 | 02 | 2012

“Los proyectos de leyes de educación no son socialistas ni revolucionarios”

rigoberto-elnacional.jpgEl Nacional
Domingo 18 de Febrero de 2007

RIGOBERTO LANZ critica el aparato burocrático en torno a la educación

Laura Weffer Cifuentes

Si por Lanz fuera se aprobaría la ley de educación hoy mismo

El sociólogo considera que los proyectos que están en discusión no van al fondo de la cuestión, pues sólo ofrecen cambios moderados. Apoya la idea de que las comunidades se apropien totalmente de la enseñanza. Está confiado en que pronto los consejos comunales exijan más poder y que esto signifique el harakiri del Gobierno central

Foto Sandra Bracho

Una de las palabras que más utiliza Rigoberto Lanz es “!atención!”, muletilla afrancesada con tintes caribeños, que sirve para alertar sobre los puntos que considera vitales y que en esta conversación fueron la educación, la participación popular y el socialismo del siglo XXI.Este intelectual es reconocido nacional e internacionalmente, fue director de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela y ex presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. De entrada asegura que la educación nunca ha estado exenta de intervención ideológica. Ni antes ni ahora. “Sería ingenuo pensar que la educación es neutra”, señala convencido, al tiempo que invita a los factores relacionados con el tema, a buscar el consenso para que los cambios previstos se experimenten sin necesidad de llegar a la violencia. No es que la prevea, pero dice haber sido testigo de cómo se ha instrumentalizado el asunto para manipularlo y así favorecer algunas posturas políticas.Desde hace años ha estado ganado a la idea de la participación popular; hablaba de los consejos comunales, incluso antes de que éstos se convirtieran en el motor del poder comunal. Y como parte de esta visión que tiene de la actualidad venezolana –y de lo que le gustaría que fuera el futuro– aspira a que sean las comunidades quienes se encarguen de la educación, dejando a un lado lo que no duda en calificar como “paternalismo brutal” del Estado. “Los temas deben salir de la centralización del Gobierno y las comunidades deben hacerse cargo del tema”, sentencia.

–¿De qué manera? –Eso tiene que ver con la transformación del poder. Hay muchos intereses detrás de la educación, del centralismo del Estado. Incluso, hay gente dentro del propio proceso que trabaja para que no haya cambios.Pero en las próximas décadas vamos hacia a una sociedad sin paternalismo brutal. Sin embargo, aquí y ahora hay que comenzar a adecentar las vulgaridades y obscenidades que arrastramos.

–¿Cómo cuáles?–Por ejemplo, la exclusión del 70% de los jóvenes que no pueden entrar en la universidad; eso hay que corregirlo. El Gobierno ha tratado de atacarlas por la vía de las misiones y la creación de las universidades, pero no ha sido suficiente porque al mismo tiempo hay que luchar por la calidad. El sistema educativo ha sido moldeado de acuerdo al Ministerio de Educación y eso no es posible. Debería haber una voluntad real de transformación de esos espacios.–¿La hay?–Eso está explícitamente dicho por el Presidente (Hugo Chávez), de allí para abajo está por verse.–Hay quienes consideran que los anteproyectos de leyes de educación y educación superior tienen un signo ideológico muy marcado, hay quienes temen que bajo la excusa de la promoción de estos nuevos valores socialistas, se incluyan elementos meramente políticos. –Eso es una extrapolación demasiado simple. Si la ley la hiciera un católico, tendría una visión católica; igual ocurriría con un musulmán, o un judío. No podemos aspirar a que sea neutra. Ahora, que detrás de esto haya una conspiración, que en cualquier momento aparezca una cosa negra; eso no ocurrirá.
Yo no veo ningún problema con la ley y si no se instrumenta politiqueramente, podría haber un acuerdo en la sociedad; ahora si esto no ocurre, podría trancarse el juego.

–¿Considera que el concepto del socialismo del siglo XXI está encerrado en estos proyectos de ley?
–Estos fueron concebidos mucho antes de que se comenzara a discutir este modelo. Estos proyectos no son socialistas, no son revolucionarios; sólo son avanzados, progresistas, se parecen a nuestra Constitución.

–¿En qué sentido?
–Son muy moderadas, no van al fondo. En estos aspectos hay excesiva injerencia de la iglesia, me refiero a cualquier iglesia y su intervención en los aspectos públicos es catastrófica.

–Desde su punto de vista, ¿cómo sería un proyecto de educación ideal?
–Radicalmente laica; que se pareciera a estos tiempos que estamos viviendo en los que se han derribado una constelación de valores. Lo que ocurre es que todavía está fundado en los conceptos de progreso y desarrollo, excesivamente moderno para mí; pero al menos es un camino que abre algunas puertas.

–¿Esto sería un proyecto a largo plazo?
–En vista de que no hay una revolución a los trancazos, podemos esperar un tiempo. Para algunos, vamos muy apurados, pero yo creo que no.

Límites a la discusión
–¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta el sistema educativo actual? –El mayor problema tiene que ver con los formadores, tenemos una formación anacrónica, en estos momentos formamos gente para otra época; por ejemplo les enseñamos matemática de hace cien años y eso hay que actualizarlo. En educación superior es el colmo que nos estemos rigiendo por el adefesio actual. Para la discusión de esta ley, en la cual he estado muy involucrado, sé que se han hecho 130 reuniones nacionales, y creo que ya el esfuerzo está hecho. La discusión debería tener límites.

–Pero usted también aboga por el debate. . –Creo que los compañeros al frente de esto han sido muy temerosos. Creo que han sido timoratos en impulsar la idea. Pero la educación moviliza mucho la sensibilidad de la gente. De cualquier manera siento que tenemos demasiado tiempo en esto, ¿hasta cuándo? –También tendrían que ver los cálculos políticos del Gobierno, que quizás no han encontrado el momento oportuno para sancionar los proyectos. –Puede que el Gobierno haga sus cálculos, pero el ex presidente de la comisión de educación de la Asamblea Nacional y actual ministro de educación superior, Luis Acuña estaba consciente de que era necesario discutirlo lo más posible. Personalmente estimo que el tiempo ya ha transcurrido. Yo los aprobaría mañana. Son proyectos realistas.

Desbancar al Estado inútil
–¿Cuál es la visión que tiene sobre el papel de los consejos comunales en esta nueva etapa?
–Debe ir a que el Estado se revierta hacia el empoderamiento –aunque a algunos no les guste esta palabra– de la gente o como lo llamaría Toni Negri, la multitud contraponiéndose al poder del Estado. El poder popular, que somos todos, no sólo los excluidos, los barrios; sino todos, tomando el poder. No delegándolo en partidos políticos, sino construyendo su propio modo de vivir. Pero esto tomará siglos.

–Los consejos comunales aún no funcionan de manera efectiva. Hay problemas en su conformación y en su proceder ¿no es preocupante darles tanto poder?
–Al comienzo esto puede ser aluvional, caótico. Hay improvisación, hay oportunismo. Pero eso no me asusta. Más bien eso va a ir depurándose, para que luego pueda quedar cierta densidad, y en un plazo breve, decantar la figura del consejo comunal.

–¿No es un poco apresurado este proceso de transferencia de poder?
–Yo confío totalmente cuando mi amigo, Juan Barreto dice “todo el poder para el pueblo”.

Además, en el consejo comunal promedio habrá de todo, quienes se equivoquen y quienes administren su cosa bien. Lo que creo es que todos van a ir a pedir más poder.

–Hay quienes ven en estas instancias sólo un chance para obtener dinero. –Por eso, no hay derecho a sorprenderse. El punto es cómo lo controlas. Igual ocurre con las cooperativas. Ahora hay un desencantamiento, pero por eso no se puede concluir que las cooperativas son una lacra. Ha habido en eso mucho de ingenuidad, porque es natural que donde haya dinero aparezcan expresiones de desvirtuación de la idea.

–Otro de los problemas que han enfrentado es el de la apatía.

–Eso tiene que ver con una sociedad que nunca participó o sólo lo hizo a través de los partidos políticos o sindicatos. Aquí no hay una cultura de participación, más bien es admirable que en Venezuela se hayan despertado unas ganas de hablar y participar muy “fiebrosas”. Se puede hablar incluso de repolitización.

La gente le perdió el miedo a la calle, le perdió confianza a los partidos y quiere participar directamente. Pero la apatía existe. La gente se inhibe a priori, se siente interpretada por otros. Hay un clima que no traspasamos todavía en el que la gente no tiene todavía incrustada la cultura de la participación activa en sus asuntos.

–Y ¿eso cómo puede modificarse?
–Haciendo el aprendizaje de la participación. Que sientas que tu participación no sólo vale, sino que es vital para tu propia vida.

–¿Cómo confiar en la autonomía del poder popular decretado desde el gobierno central?
–Ellos van en otro sentido, pero claro que es sospechoso que hayan nacido del Estado. Aunque como yo lo veo, con estas iniciativas el poder central se está haciendo el harakiri. Las misiones fueron el primer mecanismo y más rápido para bypasear al Estado. Ahora, con los consejos es el segundo empujón para desbancar al Estado inútil.

” Hay gente dentro del propio proceso que trabaja para que no haya cambios. Pero en las próximas décadas vamos hacia a una sociedad sin paternalismo brutal

” Las misiones fueron el primer mecanismo y más rápido para bypasear al Estado. Ahora, con los consejos es el segundo empujón para desbancar al Estado inútil

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