Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 1 | 08 | 2010

Inmunología, altruismo y liderazgo por Félix J. Tapia

felix tapia.JPGPrensa AsoVAC

En la entrega de los premios “Lorenzo Mendoza Fleury” que otorga la Fundación Empresas Polar, Felix J. Tapia habló en nombre de los investigadores, por ser él uno de los galardonados en la edición del año 2005. En sus palabras hizo un parangón entre la inmunología, la disciplina que es el centro de sus estudios, y los eventos que ocurren en una sociedad como la venezolana.  Para ello se paseó sobre  conceptos como altruismo, sociobiología, el binomio ciencia-ideología, vigilancia y tolerancia.

22 de junio de 2007

Para comenzar felicito a los galardonados: Juan Anacona, Gustavo Benaim, Alejandra Melfo, María Sobrado y Carlos Uzcátegui. Todos realizaron sus investigaciónes en universidades nacionales autónomas donde la ciencia se hace en libertad.

A finales del 2006, el grupo liderizado por Tamás Lasky, en Alemania, publicó un trabajo, demostrando que para infectar células con Leishmania se requiere de parásitos  muertos por apoptosis (suicidio celular) y parásitos vivos para poder ser virulento.

La conclusión del trabajo fue que los parásitos que mueren, en una forma altruista, permiten la supervivencia dentro de las células de los parásitos viables. O dicho en otras palabras, la existencia de parásitos muertos en una población de Leishmanias es un factor crítico en la determinación de la virulencia.

Esta conducta altruista dentro de una población ha sido descrita en
organismos unicelulares como bacterias, levaduras y en insectos. La conducta altruista de los seres humanos y otros primates fue el sustento de la sociobiología de los años 80s. Disciplina que comenzó su auge en 1975 con la publicación del libro “Sociobiología: la Nueva Síntesis” de Edward O. Wilson.

Wilson demostró científicamente que los organismos altruistas sobreviven por
reproducción a favor de sus genes altruistas. Cuando la estrategia de los altruistas no favorece la supervivencia de sus individuos entonces predominan los no altruistas.  Sin embargo, la aplicación de la sociobiología a la especie humana causó abundante controversia entre los investigadores, centrándose el debate entre los que sostenían que la conducta humana está determinada genéticamente y aquellos que la condicionan a la cultura, o mejor dicho al medioambiente.

La Sociobiología fue acusada de ser una forma más de determinismo biológico. Una perspectiva que anula el libre albedrío que anida en el ser humano y lo sujeta al mandato de los genes.  Por ejemplo, Stephen Jay Gould y Richard Lewontin argumentaron que el determinismo sociobiológíco justifica el control del poder por las élites, y legitima los programas políticos de gobiernos autoritarios, el genocidio, el racismo y el sexismo.  ¿Podrán descubrimientos como los observados recientemente con la Leishmania revivir la antigua controversia sobre la sociobiología?

En un principio, la batalla sobre la sociobiología fue muchas veces señalada como un problema político entre investigadores de distintas tendencias. El evolucionista Ernest Mayr ha señalado que los debates que con frecuencia emergen en el campo de la evolución suelen tener profundas raíces históricas y culturales. Sin embargo, una cosa es el entrecruzamiento entre ciencia y política y otra entre ciencia e ideología.

Los horrores de una ciencia comprometida con una ideología fueron vividos en la Alemania nazi con una “limpieza etnica” sobre la base de la supremacía de la raza aria propuesta por Karl Haushoffer, fundada en el odio sin basamento racional alguno. Igualmente, Lysenko con sus teorías en el campo de la agricultura causó mucho daño al pueblo sovietico.

Hoy en día conocemos que una condición genéticamente establecida como la susceptibilidad o la resistencia a una enfermedad, pueden ser modificadas por el medio ambiente. Así, por ejemplo, en nuestro laboratorio demostramos como ratones susceptibles y resistentes a la infección por Leishmania, al someterlos a condiciones de estrés, modifican drásticamente su mecanismos de defensa frente al parásito, es decir modifican su respuesta inmunitaria genéticamente determinada.

El sistema inmunológico es un sistema organizado, redundante y equilibrado que refleja en muchas maneras a la conducta humana.

Una definición sencilla del sistema inmunológico sería la defensa del cuerpo contra organismos contagiosos. Este sistema está constituido por una red de células, tejidos, y moléculas que trabajan en conjunto.

Sin embargo, hoy en día, sabemos que la única función del sistema inmunológico no reside en montar una guerra frente a invasores de nuestro organismo (no sólo se comporta como un ejercito). Su principal tarea es vigilar con la finalidad de mantener el equilibrio de nuestro cuerpo. Este trabajo lo realiza en estrecha unión con el sistema neuro-endocrino.

Esta función de vigilancia no funciona como un esquema policial (no es agresiva y ni punitiva), sino que actúa como en una sociedad democrática lo hace la prensa libre, vigilando los errores de juicio y de entendimiento.

Dos componentes caracterizan al sistema inmunológico: la discriminación de señales de peligro y la determinación de una respuesta efectora.

La función efectora se realiza ejerciendo inmunidad (activación, protección) o tolerancia (supresión). Inmunidad es lo que montamos para eliminar agentes invasores; las vacunas inducen inmunidad. La tolerancia limita o suprime la respuesta inmunitaria para evitar daño a los tejidos. La tolerancia impide que una madre rechace a un feto durante el embarazo, también impide que reaccionemos frente a los alimentos o las cosas que respiramos.
Como ven al igual que en nuestra sociedad los mecanismos de alerta y tolerancia son necesarios para el equilibrio y la convivencia.

El sistema inmunitario también se divide en inmunidad innata e inmunidad adquirida.

La inmunidad innata reconoce a señales de peligro altamente conservadas en los microorganismos, y genera una respuesta rápida y vigorosa que elimina a más del 90% de los agentes invasores.

La inmunidad adquirida gira alrededor de unas células muy eficientes, los linfocitos, los cuales son altamente específicos, variados y eficientes.

Estos linfocitos pueden ser muy jóvenes y activos, y se educan en la universidad inmunológica que es el timo preparándose para trabajar en los ganglios. En el ganglio, maduran y se convierten en células con memoria inmunológica, necesarias para el ejercicio de la fase efectora y para enfrentar segundas infecciones.

De nuevo, nada diferente a lo que sucede entre los humanos pues los jóvenes se educan, participan activamente, maduran y trabajan para vivir en una sociedad equilibrada.

En las últimas dos semanas, parte del estudiantado venezolano reclama el respeto a la libertad y a los derechos civiles y políticos, acompañado por un llamado  a la tolerancia y la reconciliación de los sectores políticos y sociales, frente al discurso oficial rotulador, descalificador y de un leguaje violento y ante las violaciones y amenazas a la libre expresión y al derecho de estar informado.  

Como los linfocitos, los jóvenes son distintos, tienen personalidad propia y encarnan una posibilidad diferente de enfrentarse a los problemas.

Si el sistema inmunológico se basa en mecanismos de alerta y tolerancia  similares a los que la sociedad democrática y libre debe defender y mantener, las células dendríticas, objeto de mi investigación desde hace varios años, nos enseñan acerca del liderazgo.

A estas células se les ha adjudicado el rol de director de orquesta por ser las primeras en desencadenar la respuesta inmunitaria. Ellas guían (direccionan) el tipo de respuesta inmunitaria y para ello deben obtener permiso del medioambiente, el cual las provee de señales para generar inmunidad o tolerancia. Es decir, no son células autoritarias y dependen de la interacción con un complejo sistema de células, sustancias y códigos para poder actuar.  Tal y como se aspira en democracia que funcione el gobierno para lograr así un país con libertad, armonía y progreso.  

Caracas, 14 de junio de 2007

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