Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 8 | 02 | 2012

La derecha y la Misión Ciencia por Rigoberto Lanz

RigobertoLanz.jpgDebates sobre Ciencia y Tecnología
01 agosto 2007
Rigoberto Lanz

Convengamos por un instante que hay varias derechas. Al menos dos claramente delimitadas: una de carácter ilustrado y que se caracteriza por una defensa “civilizada” de sus intereses históricos; otra esencialmente ignorante y que sólo se mueve en la opacidad de los intereses bastardos. La primera puede jugar a la democracia y respetar ciertas reglas de juego; la segunda es básicamente fascistoide y sólo conoce de violencia. La primera puede manejar cierto repertorio de conceptos frente a cualquier agenda de debates; la segunda es intelectualmente estúpida y no pierde su tiempo en eso de andar pensando. Ambas derechas coexisten en el escenario político entrecruzándose de acuerdo a los vaivenes de la coyuntura.

En el debate intelectual que acompaña el desarrollo de una política pública como la Misión Ciencia nos tropezamos con frecuencia con manifestaciones diversas de este pintoresco paisaje en donde las distintas derechas procuran posicionarse y sacar alguna ventaja. Debo confesar que una alta proporción de las expresiones públicas de estas derechas sobre la Misión Ciencia me resultan exageradamente aburridas (en parte por la ignorancia en la que vienen envueltas, en parte también por la precariedad ética de mucha gente que carece de un mínimo talante para tomar la palabra).

Como he referido en otras oportunidades, disponemos ahora de tres tomos bien nutridos de matices y diferenciaciones en donde hemos publicado la casi totalidad de este debate en lo que va del año 2006.

Creo que allí se condensa lo esencial de esta discusión. Como el debate sigue abierto es de esperarse que las opiniones controvertidas continúen expresándose. Es por ello que conviene salir al paso a confusiones y malentendidos que persistirán en la misma medida en que la gente permanezca anclada en los prejuicios, en el pragmatismo de los intereses que tanto pesan, en los lugares comunes que se propagan como si aquí no ha pasado nada.

Cuesta mucho hacerse cargo –en serio–de esta pequeña perla: de lo que se trata es de torcerle el cuello al modo de hacer ciencia heredado. El asunto es erradicar los discursos y prácticas que pertenecen a los viejos paradigmas hoy en desuso. La Misión Ciencia se propone justamente construir en el país una nueva cultura científica, es decir, otro modo de producción de conocimiento, otro modo de enseñarlo, otro modo de gestionarlo. He allí el fondo del problema. Es en ese terreno donde hay que batirse si queremos discutir en propiedad. Todo lo demás es mamadera de gallo. Lo que está en curso es un proceso de desmantelamiento del Estado burgués (inútil para transformar cualquier cosa) y la consiguiente instauración de una nueva institucionalidad fundada en la complejidad e inteligencia de los procesos organizacionales.

Hay que reiterarlo enfáticamente: se trata de subvertir los modos de hacer ciencia, las maneras de enseñarla, las formas de gestionar el conocimiento. Eso quiere decir que están en cuestión las formas como se organiza y se efectúa la actividad cognitiva en las universidades y centros de investigación; ello expresa directamente que es preciso repensar a fondo la manera como hoy se enseña en todo el aparato escolar (incluidos aquellos centros de formación de formadores como los pedagógicos y las facultades de Educación) y, desde luego, ello también implica reformular sustancialmente los mecanismos de gestión existentes (sobre manera, aparatos institucionales como el Ministerio de Ciencia y Tecnología). Ese es el debate que vale la pena profundizar. Es allí donde se decide de verdad por dónde va la cosa.

La Misión Ciencia es apenas un punto de esta cadena. La transformación del viejo Estado es un asunto de todos. Cada ámbito requiere estrategias diferencias para que esta gigantesca tarea avance efectivamente. En el camino hay toda una constelación de tácticas intermedias que deben ser encaradas en ese horizontes de mutaciones esenciales.

¿Cuáles son los obstáculos? Los hay de todos los calibres. Lo que abundan son trabas. Desde las manipulaciones burdas hasta las tercas resistencias que se anidan en las recónditas mentalidades. Nos tropezamos a diario con toda clase de limitaciones. Muchas de ellas están alojadas en las concepciones que se arrastran, en las visiones con las que se ha trabajado durante décadas, en el sentido común que sirve de coartada al conservadurismo reinante.

La derecha política que está afuera conecta fácilmente con la derecha intelectual que está adentro. No es tan difícil sacar las cuentas de esta combinación. Es evidente que el despliegue de la Misión Ciencia con toda su carga subversiva enfrenta esta limitación. Del modo como se van resolviendo estas contradicciones dependerá la profundidad de los cambios que vayamos consolidando.

La derecha seguirá chillando. Su ciencia está en el centro mismo de lo que debe ser desmantelado. No hay que preocuparse demasiado del aspaviento de los mandarines. Es natural que el viejo establecimiento de la ciencia pegue el grito en el cielo. Lo que está en juego no es poca cosa. La derecha ilustrada sabe de qué va la cosa. Hay que estar atentos de aquellas voces que algo tienen que decir. Lo demás se va evaporando como los ruidos molestos.

Rigoberto Lanz

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