Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 8 | 02 | 2012

Emmanuel y nuestros científicos

san-blasDice la Dra. Gioconda San Blas: “Inesperadamente, la correcta filiación genética de Emmanuel por medio de pruebas científicas propias del siglo XXI realizadas en Colombia y España y basadas en ciencia de primera línea, también trae de soslayo para la comunidad científica venezolana un reconocimiento oficial indirecto de calidad y profesionalismo, que esperamos se preserve en los futuros planes que este gobierno quiera diseñar para nuestro vapuleado sector”

EL NACIONAL
Lunes 28 de Enero de 2008       

Que el canciller Maduro, en los apuros del momento, haya defendido la preparación de los científicos venezolanos como profesionales capaces de llevar a cabo sofisticadas pruebas de filiación genética es un beneficio inesperado para nuestra golpeada comunidad científica. Este reconocimiento implícito, no sabemos si deseado, tal vez sea el primero en muchos años que escuchamos de personaje alguno de este Gobierno, negado a reconocer lo que de positivo ha tenido el andamiaje científico del país desde que nos abrimos a la democracia en 1958. Por el contrario, con gran empeño el mensaje ha sido dirigido hacia la radical destrucción de lo existente y su sustitución por una supuesta ciencia endógena, carente de visión universal, rigurosidad metodológica y sistematización, producida por creadores espontáneos sin formación académica alguna y contrapuesta a la ciencia universal, generada de experimentos rigurosamente comprobados por criterios profesionales, la única ciencia posible. Lejos entonces de una inspiración del momento, las pruebas de DNA a Emmanuel y sus familiares son producto del progreso científico global a lo largo de muchos años de conocimiento acumulado y arduo trabajo.

Esos científicos venezolanos a los que alude en términos elogiosos el canciller no son producto de ayer o del acaso; se formaron esforzadamente a partir de una política metódica del Estado venezolano desde 1958, a la caída de la dictadura, en un desvelo no siempre financiado de manera adecuada, por construir un cuerpo científico nacional que nos incorporara al progreso, según parámetros internacionales de desarrollo.

El reinicio de las actividades en las universidades autónomas y la creación de la Facultad de Ciencias en la UCV ese año, sumado a la fundación del IVIC en 1959, sentaron las bases para la profesionalización de la actividad científica en el país, contando para ello con el empuje de gente visionaria, con fe de futuro y deseos de una Venezuela próspera y cabal. Estos 50 años han sido testigos de los desafíos asumidos por los investigadores venezolanos para montar una estructura científica en el país digna de ese nombre. Es esta la estructura y son estos los científicos con que hoy cuenta el Estado venezolano para ofrecer sus conocimientos a terceros, así como para llevar al país por un derrotero de modernidad, en función de los avances del siglo XXI.

El pequeño Emmanuel (hebreo Emanu-El, Dios está con nosotros; Mesías, en la tradición cristiana), trae ahora la felicidad a su familia y a quienes hemos seguido con horror este espectáculo grotesco patrocinado por grupos terroristas y sus amigos, quienes con gran fanfarria entregan apenas dos de varios cientos de inocentes rehenes, muchos de ellos compatriotas venezolanos, retenidos ilegalmente en condiciones infrahumanas, enjaulados y encadenados a árboles en las espesas selvas colombianas, según el recuento excepcional de una de las damas recién liberadas.

Inesperadamente, la correcta filiación genética de Emmanuel por medio de pruebas científicas propias del siglo XXI realizadas en Colombia y España y basadas en ciencia de primera línea, también trae de soslayo para la comunidad científica venezolana un reconocimiento oficial indirecto de calidad y profesionalismo, que esperamos se preserve en los futuros planes que este gobierno quiera diseñar para nuestro vapuleado sector. No es sólo dinero -que lo ha habido- lo que necesita la comunidad científica venezolana; es reconocimiento de legítimos méritos al talento, tiempo de maduración para los profesionales, proyectos científicos de calidad internacional, participación efectiva en las decisiones relativas a asuntos de interés nacional que involucran temas de ciencia y tecnología, alto vuelo en las aspiraciones de hacer ciencia universal con aplicaciones locales.

No será con improvisaciones endógenas como podremos hacer ciencia sólida de envergadura, que redunde a la larga en la aplicación de modernos procedimientos técnicos para la resolución de problemas en agricultura, ingeniería, medicina, petroquímica y tantos otros campos del tejido social venezolano.

Gioconda San Blas

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