25 años de AsoVAC por Francisco De Venanzi
25 años de AsoVAC
Por Francisco De Venanzi
Fundador de AsoVAC
Los últimos veinticinco años que han coincidido con el nacimiento y actuación de la AsoVAC han marcado una etapa de considerable avance científico en el país, de tal manera que, en la actualidad, Venezuela puede ser ubicada aproximadamente en el cuarto lugar en el ámbito latinoamericano. En el campo Biomédico es el más desarrollado en la región, los índices de crecimiento determinados por el número de publicaciones en las revistas internacionales de mayor prestigio son testimonio de este logro. La UCV y el IVIC contribuyen aproximadamente por igual a esta realización con un aporte menor pero valioso de otras universidades. Es difícil precisar con exactitud la magnitud de la repercusión de la AsoVAC en el progreso científico de Venezuela, empero, parece ser criterio generalizado que su influencia ha sido muy determinante.
Los progresos registrados no deben hacernos perder de vista el hecho de que en la escala internacional más amplia y en la conexión con la repercusión práctica nacional, seguimos en situación científica deficitarias; de allí que la observación de lo realizado debe ser sólo un estímulo que nos permita ganar confianza en nuestras posibilidades. En efecto, es de enorme magnitud el esfuerzo que se requiera para la estructuración y adecuada orientación de un sistema científico y tecnológico como el que exigido para estar a la altura de cualquier país avanzado y responder plenamente a los requerimientos de generación de conocimientos que el país demanda para su desarrollo integral. Aún cuando es ya un lugar común, es conveniente recalcar el hecho de que, en tanto EEUU tiene más de 1.000 investigadores científicos por millón de habitantes y la URSS tiene 1.800, Venezuela cuenta sólo con 280 investigadores nominales por cada millón, que reducidos a equivalentes reales, sobre la base del tiempo dedicado a la investigación y a la efectividad en publicaciones, se podrían reducir a 87 investigadores por millón de habitantes.
Ante esta situación no se puede invertir mucho tiempo mirando el pasado; no obstante, en esta ocasión, la AsoVAC ha querido que se realice una recapitulación de acontecimientos importantes relacionados con el avance científico en los últimos veinticinco años.
AsoVAC fue fundada el 20 de marzo de 1950 en una asamblea de instalación que tuvo lugar en el Auditorio de la Cruz Roja Venezolana. Inicialmente se proyectaba realizar la reunión en la sede del Colegio de Ingenieros pero a última hora no fue posible. El Dr. J. valencia Parpacen, entonces presidente de la Cruz Roja nos ofreció gentilmente el local de esa institución. Participaron unas 50 personas y se firmó el Acta Constitutiva, cuyo original se encuentra en las oficinas de AsoVAC; se aprobaron los estatutos preparados por la Comisión Organizadora con la generosa ayuda del Dr. Julio Diez, con ciertos cambios derivados de la discusión. Un trabajo preparatorio de cierta magnitud había sido realizado previamente, a través de reuniones con profesores, investigadores y organizaciones científicas. La primera de ellas se realizó en la Biblioteca del Instituto de Medicina Experimental a mediados de 1947. El Profesor Augusto Pi Suñer, entonces director de ese centro, había acogido la idea con beneplácito y él mismo se encargó de invitar a algunas personas interesadas en cuestiones científicas. Solicité el concurso de personas distinguidas que trabajan en investigación o que eran afectas a este tipo de actividades: el doctor Vicente Peña, respetado médico profesor de Terapéutica en la Universidad Central; el Doctor Werner Jaffé, bien conocido bioquímico vinculado a la U.C.V. y al instituto Nacional de Nutrición; el doctor Oscar Agüero, afanoso y serio investigador clínico del área obstétrica y el Doctor H. Kalser, destacado ingeniero Químico, e integramos el equipo provisional de organización. Dimos varias declaraciones a la prensa sobre los propósitos que nos animaban, escribí sendos artículos en El Nacional y en El Universal a fin de hacer ambiente a la Asociación. Para tener idea de la magnitud del potencial científico de la época es interesante anotar que, basados en los trabajos realizados para la instalación del CONICIT, en 1963 habría en el país cerca de 820 personas relacionadas con la investigación científica, y para el momento de la creación del la AsoVAC, se puede estimar, con base al recuento de autores de trabajos de investigación, que habría cerca de 80 investigadores, principalmente ubicados en las áreas de medicina, agronomía, veterinaria, biología, química y geología.
La Directiva de AsoVAC fue confirmada en la asamblea de instalación y fueron elegidos además los doctores Enrique Tejera y Felix Pifano. El esfuerzo inicial se dedicó a la publicación de Acta Científica Venezolana que comenzó a aparecer cada dos meses, lo que requirió un gran esfuerzo para lograr la colaboración científica necesaria y el financiamiento a base de avisos de casa en su mayor parte productoras de medicamentos. El primer número de Acta correspondió a Mayo-Junio 1950 y en ese año aparecieron cuatro números. El discurso de inauguración de la Asamblea de Instalación de AsoVAC, a cargo del Dr. Vicente Peña aparece como editorial del primer número de Acta. En ese discurso se esbozan las características de la nueva organización sobre la base de los estatutos elaborados y se formula una esperanzada oración sobre las favorables perspectivas que ofrece el cultivo de la ciencia. El emblema de AsoVAC fue creado por el artista Durbán y la generosa colaboración prestada fue gestionada por Israel Peña distinguido crítico musical, hijo del Dr. Vicente Peña.
Las siglas escogidas para AsoVAC inicialmente fueron las de AVAC, pero la Asociación Venezolana de Autores y Compositores las registró para esa organización y solicitó no fuesen usadas por la nuestra, por lo que se hizo el cambio pertinente. En las primeras publicaciones de la Asociación figuran las siglas AVAC.
Otra tarea que ocupó intensamente a la Directiva en sus primeros tiempos fue la organización de la Primera Convención Anual. Ésta se celebró entre el 29 de Enero y el 3 de Febrero de 1951. Dos brillantes intervenciones fueron presentadas en el acto inaugural por los doctores Julio de Armas, Rector de la UCV para la época y por Enrique Tejera, y se pronunciaron después de las emocionadas palabras de apertura del Dr. Vicente Peña. El Anfiteatro del Instituto de Anatómico de la UCV en la Ciudad Universitaria fue el sitio escogido para iniciar el evento. Se realizaron sesiones múltiples en el Instituto Anatómico, en el Instituto de Medicina Experimental, en el Instituto Anatómico-Patológico y en el Instituto de Higiene. El doctor A.L. Briceño Rossi, director de este último centro nos brindó una colaboración amplia. En el Instituto de Higiene presentamos una serie de demostraciones dinámicas de divulgación científica y se realizó una exhibición de productos médicos y equipos científicos en su mayor parte con la colaboración de la industria farmacéutica, lo que sirvió para el financiamiento de la Convención. El evento tuvo una repercusión importante en los medios profesionales y científicos y también en el seno de la comunidad. La mayor parte de los investigadores de la época participaron y además muchos profesionales destacados que no tenían canales adecuados y específicos para presentar sus trabajos.
La Universidad Central de Venezuela de donde han surgido la mayor parte de las iniciativas de progreso científico del país, fue también generosa en aliento y estímulo en la creación de AsoVAC. Sus autoridades, con el Dr. Julio de Armas al frente, acogieron con beneplácito nuestras iniciativas y les otorgaron su respaldo.
Una somera revisión al contenido de la I Convención Anual es interesante, en virtud de que refleja el clima científico de la época. De los 115 trabajos sólo 29 o sea un 25% no provenían del campo médico y en las presentaciones de esta índole la gran mayoría consistió en los trabajos clínicos, en gran parte vinculados a innovaciones de procedimientos diagnósticos o terapéuticos conocidos en otras latitudes que se ensayaban por primera vez en el país. Los trabajos no médicos fueron de las disciplinas: Biología, Química y Farmacia, Geología y Minas y Veterinaria. Las Convenciones que siguen de allí en adelante dieron estímulos a la formación de nuevos grupos científicos y profesionales, al ganar confianza en sus posibilidades de actuación independiente. Pronto, después de la primera Convención, los cirujanos y los anatomo-patólogos realizaron reuniones específicas de esas disciplinas y continuaron actuando separadamente. Algo similar ocurrió luego con los agrónomos, bioquímicos y fisiólogos.
Las Convenciones de AsoVAC y la publicación de la Revista gradualmente han venido contribuyendo a crear un clima de seriedad para la ciencia venezolana. En efecto personas que figuraban como científicos vieron disminuir su ficticio prestigio ante el hecho real de que jamás se veía aparecer sus trabajos en estos órganos de difusión de conocimientos originales o no podían resistir el impacto de la crítica en las reuniones científicas. En forma gradual, las contribuciones a la AsoVAC se han hecho más numerosas y de mayor originalidad, además de que la diversificación de los campos ha sido importante.
Volviendo al pasado, el año 1951 fue duro y conflictivo, el Gobierno enfrentó en forma brutal contra la Universidad central suprimiendo la autonomía; profesores y estudiantes fueron a las cárceles y al exilio, tuvimos que luchar de manera intensa para evitar la destrucción de la Universidad y organizar un movimiento de resistencia, impulsamos la creación de la Organización de Docentes Universitarios precursores de la actual Asociación de Profesores. Una digna figura de elevadas condiciones humanas y morales al frente de la ODU; el Dr. Febres Cordero libró la parte más dura de la lucha y fue castigado con el exilio. Todo este estado de cosas paralizó a la UCV por más de un año con grave atraso de las actividades de investigación y docencia. Grupos numerosos de profesores se retiraron de la UCV. El instituto de Medicina Experimental fue de los más golpeados por la crisis. El Departamento a mi cargo, en el cual, a costa de largos esfuerzos habíamos creado un grupo de investigación, quedó totalmente desintegrado. Todo ello originó una disociación entre la AsoVAC y la nueva organización universitaria creada bajo la égida de la dictadura. Comenzamos a sesionar en el Colegio de Médicos, que nos recibió con beneplácito. El contacto con el Colegio fue fructífero. Propuse y fue aceptado por el Dr. Manuel María Lander, su presidente, hacer reuniones conjuntas de tipo científico y que publicásemos una revista clínica Acta Médica Venezolana, que pronto comenzó a aparecer y es actualmente la revista oficial del Colegio. En un rincón del hall de entrada del Colegio, alrededor de una pequeña mesa redonda, se reunía periódicamente la directiva de AsoVAC. Allí el Dr. Werner Jaffé asomó la idea de crear un organismo que diera apoyo económico a las labores de la AsoVAC. Se comenzaron a hacer contactos y se estableció la Fundación Venezolana para el Avance de la Ciencia (FundaVAC) el día 18 de septiembre de 1954, siendo su primer presidente el Dr. Juan Francisco Stolk destacado Ingeniero Civil y Empresario.
Mientras tanto, en 1953, se había fundado el Instituto de Investigaciones Médicas, organización privada sostenida por la Fundación Luis Roche, creada por el espíritu dinámico y progresista de este famoso urbanizador caraqueño, a iniciativa de su hijo Marcel, quien había adquirido una sólida formación como investigador médico en las Universidades Jhons Hopkins y Harvard. El Dr. Roche habría de ser director. Fui invitado a participar en calidad de Director Asociado, lo que acepté gustosamente. Se fue creando en el Instituto un núcleo de trabajo en donde participaron o iniciaron su formación distinguidos investigadores venezolanos. La colaboración de AsoVAC y FundaVAC fue estrecha y la oficina de FundaVAC comenzó a funcionar en la sede del Instituto, una quinta ubicada en la Plaza Morelos. Con el apoyo de FundaVAC y del Instituto, se organizó el primer curso entrenamiento en el manejo de radio-isótopos y sus aplicaciones médicas dictado en el país entre el 9 de febrero y el 11 de Marzo de 1957.
En 1952 fui invitado por la UNESCO para participar en una reunión de científicos latinoamericanos que debía establecer prioridades con respecto a la ayuda de la misma para la creación de laboratorios científicos en la Región. El evento tuvo lugar en Montevideo. En discusiones previas en el seno de la Directiva de AsoVAC, llegamos a la conclusión de que debíamos promover en Latinoamérica la creación de Institutos de Ciencias Básicas que establecieran la plataforma de acción fundamental para la formación de químicos, físicos, biólogos y matemáticos para desarrollar las investigaciones correspondientes, lo que tendría una marcada incidencia en el avance científico general y en el progreso industrial; otra proposición que se acordó fue la creación de Consejos Nacionales de Investigación. De estas proposiciones se otorgó la prioridad a la organización de laboratorios oceanográficos y de biología marina, que había sido sugerida por varios de los participantes simultáneamente. También se aprobó pedir a los gobiernos que creasen los Consejos Nacionales de Investigación. A mi regreso, informada la directiva de AsoVAC, se acordó enviar al Gobierno una comunicación sobre lo resuelto en la reunión de Montevideo con respecto a los Consejos. El doctor Blas Lamberti, uno de los distinguidos profesores universitarios que había quedado fuera de la Universidad, hizo llegar nuestro informe al Gobierno, lo que, como esperábamos, no se tradujo en el menor intento de llevar a la práctica tal idea o siquiera de responder a nuestra comunicación.
Es de interés comentar sobre la creación del Instituto de Investigaciones Neurológicas y Cerebrales. El gobierno se sentía aislado de la pequeña pero activa comunidad científica que existía en el país; casi todos los investigadores de la época estaban vinculados con la AsoVAC y no veían con agrado la conducción dictatorial, arbitraria y desacertada del país. La Universidad intentó hacer jornadas Universitarias que compensasen la influencia creciente del AsoVAC, sin mayor éxito. De pronto apareció un investigador destacado en el campo internacional que podía llenar el vacío de actividades científicas propiciadas por el Gobierno. Encontró todo el apoyo requerido para la organización de una Institución que debería ser modelo en su género. Se invirtieron millones en la construcción de edificaciones, carreteras, talleres, dotaciones, pero los escasos investigadores existentes eran contratados extranjeros rodeados de técnicos. A la caída de la dictadura sólo había cuatro investigadores en el centro. Una Comisión dirigida por el Dr. Marcel Roche se encargó de estructurar una nueva organización aprovechando las excelentes instalaciones iniciales para desarrollar en Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, en donde se ha demostrado a plenitud que muchos venezolanos pueden hacer ciencia de nivel internacional y contribuir también en los aspectos prácticos de interés local.
La FundaVAC desde sus inicios se dedicó a tareas de divulgación científica a través de la televisión y un Boletín Informativo. La colaboración del Profesor Francisco Rosson es este aspecto fue de bastante importancia. Además, la FundaVAC centró sus actividades en la organización de un Laboratorio Oceanográfico que fue propuesto por Alonso Gamero y la construcción de un Edificio Sede para AsoVAC y FundaVAC. En reuniones programadas regularmente del tipo de las rotarias se iban incorporando cada vez mas personas de recursos y se interesaban en la necesidad de apoyar el progreso científico del país. FundaVAC llegó a tener unos 250 miembros y entidades patrocinantes que contribuían periódicamente a las labores en desarrollo.
Nueve distinguidos jóvenes venezolanos que en la actualidad desempeñan cargos de investigadores en diferentes instituciones fueron formados con becas de FundaVAC. Se polarizó el esfuerzo hacia la preparación de oceanógrafos y biólogos marinos que fueron luego cedidos a la Universidad de Oriente para la fundación del Instituto Oceanográfico. La FundaVAC contribuyó a crear interés por la ciencia y sus aplicaciones en un destacado y selecto grupo de empresarios venezolanos. Todo ello redundó en el esfuerzo conjunto de AsoVAC, la Universidad Central, el IVIC y Fedecámaras, para organizar una reunión de científicos, educadores y empresarios que discutieran áreas de colaboración para el progreso nacional, que tuvo lugar en 1962.
El resultado más interesante de esta reunión fue la designación de una Comisión preparatoria del Proyecto de Ley para la creación de un Consejo Nacional Investigaciones Científicas y Tecnológicas. El doctor Marcel Roche, director del IVIC para la época, tomó el mayor interés en dar apoyo a esta valiosa labor de dos años de duración que estuvo respaldada por una encuesta sobre potencial científico venezolano. Los resultados de las mismas fueron publicados en un libro titulado “La Ciencia base de Nuestro Progreso” que pareció en 1965. Un intento anterior adicional de AsoVAC realizado en 1958 para crear el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas había caído al vacío. Al derrocamiento de la dictadura, como presidente de la Comisión Universitaria, a nombre de las Universidades Nacionales, de AsoVAC y Colegios Profesionales, entregué al Presidente Larrazabal un Proyecto de Ley que había sido elaborado por una Comisión Especial de AsoVAC, donde estuvieron Luis Carbonell, Gabriel Chuchani, Alonso Gamero, Karl Gaede y otros. No obstante, la agitada etapa transicional no permitió que cristalizara el propósito. En cambio el nuevo proyecto de 1964 tuvo éxito y fue introducido al Congreso, por el Dr. L.B. Prieto Figueroa. Después de una serie de discusiones y modificaciones fue aprobada. La participación de AsoVAC en el CONICIT ha sido continua, así como su contribución en varios de sus programas.
Una iniciativa importante de AsoVAC fue la creación de Ferias Juveniles de Ciencia que fueron impulsadas por el Profesor Luis Jordán, actual secretario General, que se iniciaron en 1969 y que han venido creando interés en la educación media por la investigación científica originando motivaciones constructivas en los jóvenes venezolanos. El CONICIT ha venido apoyando este programa en forma amplia y se proyecta extenderlo hacia la educación superior.
Muchos de los anhelos y aspiraciones de los integrantes de AsoVAC encontraron su canalización a través de la labor directiva del Dr. Marcel Roche en el IVIC y luego en el CONICIT y la que me correspondiera desempeñar al frente de la Universidad Central. La necesidad de que el país contara con vigorosos centros de investigación y formación científica llevó a la creación de la Facultad de Ciencias en marzo de 1958, integrando las Escuelas de Biología, Química y Física y Matemáticas que habían sido organizadas previamente gracias a la valiosa actuación de distinguidos profesores.
La primera Escuela de Ciencias destinada a la enseñanza de la Biología había sido fundada por el Dr. Tobías Laser. La creación de la Facultad generó un desarrollo importante ampliamente apoyado desde el rectorado y con la participación directiva de Decanos con gran visión de futuro como Diego Texera, Jose Vicente Scorza y Alonso Gamero. Por otra parte, en el IVIC se impulsaba la apertura de investigaciones en química, física y matemáticas y más adelante de investigaciones tecnológicas. En la Facultad de Ciencias tuve la oportunidad de promover la creación del Laboratorio de Biología Experimental y el Laboratorio de Tecnología de Alimentos.
Se desplegaron además muchas actividades tales como la creación del CENDES, del Instituto de Zoología Tropical, del Laboratorio de Computación, del Laboratorio de Microbiología, etc. En otras Facultades de la UCV fue también de gran vigor el desarrollo de centros y laboratorios o de facilidades generales que impulsaran la labor científica. Simultáneamente, en las Universidades del interior se generó un movimiento científico importante, en el cual ha tenido buena participación la AsoVAC. Dentro del cuadro de progresos científicos de los últimos 25 años, cabe mencionar el interesante papel desempeñado por Fundaciones y Sociedades Científicas como la de Ciencias Naturales y La Salle, Fundación Shell, entre otras, que han aportado contribuciones de interés. De igual manera a través de los Ministerios se ha promovido la investigación en algunas áreas de interés nacional; tal es el caso de la labor del Centro de Investigaciones Agronómicas. Para apoyar en forma independiente las labores de investigación se organizó en 1958 la Comisión de Desarrollo Científico de la UCV con presupuesto adecuado a fin de formar personal, subvencionar investigaciones, facilitar publicaciones, etc. La Comisión se convirtió luego en Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico que figura en la Ley de Universidades como estructura obligatoria para las instituciones universitarias. Por otra parte se implantó la dedicación exclusiva y se llevó a cabo un trabajo largo y sostenido para cambiar la estructura del trabajo universitario. En la Facultad de Ingeniería impulsé la creación del Instituto Tecnológico que a pesar de haber sido reglamentado y tener existencia legal, ha tenido vida precaria y no ha respondido a los requerimientos; en la actualidad este organismo tiende a revivirse y parece estar avanzando hacia su actualización efectiva.
Estos desarrollos relacionados con la investigación, han sido influencias dos por el movimiento de la AsoVAC y la participación de sus miembros ha sido invalorable.
De gran importancia para el desarrollo científico en el último cuarto de siglo ha sido el apoyo de los medios de comunicación y en especial de El Nacional, y de Radio Caracas TV, destacándose la excelente colaboración prestada por Arístides Bastidas a cuyo concurso debemos en buena parte el aprecio colectivo de la significación del avance científico tecnológico y de la labor de AsoVAC.
Si bien en determinadas circunstancias me ha correspondido tomar iniciativas o figurar al frente de las mismas, no debe pensarse que hubiesen sido posibles sin que existiese un estado de conciencia acendradamente progresista en el seno de la comunidad científica venezolana que ha permitido una labor cooperativa. De esta convicción surge el anhelo que esperamos se materialice, de que podamos mantener siempre una cohesión suficiente, a fin de que nuestro país cuente con un vigoroso estamento científico y tecnológico articulado sobre la responsabilidad creciente de dotar al país de su principal instrumento de progreso.
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