El cambio climático llegó a Venezuela
octubre 15, 2009 por Yajaira Freites
Publicado en Actualidad, Cambio climático, Ciencia, Política y Sociedad, Entrevista, Petróleo y energías alternativas, Tecnología, Universidad y Educación
“Desde hace algunos años el Gobierno ejecuta programas orientados a minimizar el impacto ambiental de las actividades económicas. Pero hasta la fecha no hay una política estructurada para corregir las emisiones de gases de efecto Invernadero” escribía en el 2007 la periodista Ileana García Mora al entrevistar a Juan Carlos Sánchez, asesor técnico de la Convención de Cambios Climáticos de la Organización de las Naciones Unidas y del Protocolo de Kyoto. Y en el 2009 podemos agregar que poco o casi nada se ha hecho para disponer de una manera dramática y contaminante los desperdicios de nuestras ciudades, especialmente en el área de la Gran Caracas; afortunadamente hemos eliminado el plomo de nuestra gasolina, pero la magnitud de autos y el congestionamiento del tráfico automotor parecen haber borrado ese pequeño avance y terminará simplemente dejando de tener impacto, si no hay un musculoso y organizado sistema de transporte masivo. Finalmente, el efecto de la llegada de los bombillos ahorradores de luz, será potenciado con los sistemáticos apagones de electricidad que cada vez más las ciudades venezolanas están sufriendo.
En la entrevista que se le hiciera en el 2007 Sánchez, ilustra con datos y realidades el efecto del cambio climático en el país, y delinea algunos proyectos prometedores del Estado, pero a dos años, podemos avizorar que todavía Venezuela, tanto sus gobernantes como ciudadanos, tenemos una deuda pendiente con esta realidad que nos atañe a todo los habitantes del Planeta Tierra. Veamos como el asunto se veía en el 2007.
El cambio climático llegó a Venezuela
Ileana García Mora
Revista Producto, Septiembre de 2007, No 286
http://www.producto.com.ve/286/notas/portada9.html
Desde hace algunos años el Gobierno ejecuta programas orientados a minimizar el impacto ambiental de las actividades económicas. Pero hasta la fecha no hay una política estructurada para corregir las emisiones de gases de efecto Invernadero.
Desde hace algunos años el Gobierno ejecuta programas orientados a minimizar el impacto ambiental de las actividades económicas. Pero hasta la fecha no hay una política estructurada para corregir las emisiones de gases de efecto invernadero
Lo que para muchos no era más que una extraña conjetura parecida a la predicción sobre el milenio y la desaparición del mundo, hoy es una realidad: a Venezuela llegaron los cambios climáticos producto del calentamiento global. El proceso no se inició hace unos meses ni un par de años. De hecho, el impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero se siente desde hace varias décadas.
Uno de los primeros casos estudiados por los especialistas es la disminución del número de glaciares en la Sierra Nevada de Mérida: de los 10 que existían y que cubrían cerca de 10 km2, 4 desaparecieron, cinco redujeron sus tamaños y del último apenas quedan manchas.
Otro de los efectos más visibles es la variación de las precipitaciones, según Juan Carlos Sánchez, asesor técnico de la Convención de Cambios Climáticos de la Organización de las Naciones Unidas y del Protocolo de Kyoto. “Se han reducido casi 30 por ciento tierra adentro, donde hace más calor debido a la subida de las temperaturas. Mientras que en las costas hay mayor evaporación y se generan lluvias más intensas. Ejemplo de esto es lo que ocurrió en Vargas, donde llovió en cuestión de horas lo que llueve en meses”, señala.
Y con el tiempo podrían venir más cambios. “El progresivo deshielo de los polos provocaría el avance del agua de los océanos a las costas, lo cual inundaría comunidades e infraestructuras ahí apostadas”, continúa Sánchez. Algunas de las zonas más vulnerables del territorio nacional son la Laguna de Tacarigua, en Miranda; Chichiriviche, Morrocoy y Tucacas, en la costa oriental de Falcón; las plantas de procesamiento de petróleo liviano de José, en Anzoátegui; algunas zonas de Juan Griego, en Nueva Esparta; la ciudad de Tucupita, y hasta el Delta del Orinoco.
Por estas y muchas otras razones, vale la pena preguntarse: ¿qué medidas se están tomando para mitigar los efectos del calentamiento global y adaptarse a los cambios climáticos?
Situación actual
Las actividades económicas que se desarrollan en Venezuela son responsables de 0,48 por ciento del total mundial de emisión de GEI, según el primer Inventario Nacional de Emisiones de Gases de 1999. Esta cifra se distribuye en las siguientes áreas: 77 por ciento en el sector energía (55 por ciento en quema de combustibles fósiles y 21,7 por ciento en venteos de gas a la atmósfera en la producción petrolera); 14,9 por ciento en la actividad agrícola, cambio del uso de la tierra y silvicultura; 4,9 por ciento en los procesos industriales, y 3,3 por ciento en la descomposición de desechos orgánicos.
De acuerdo con el documento, en esa fecha se producían 99,78 millones de toneladas de dióxido de carbono (de las cuales 89,9 por ciento provenía de combustibles fósiles en el sector energía y el resto de procesos industriales y fugas); 2,95 millones de toneladas de metano (61,4 por ciento de las fugas y venteos de gas natural en actividades de extracción, almacenamiento y transporte de petróleo y gas natural, y 9,7 por ciento de la descomposición de desechos orgánicos); 52 mil toneladas de óxido nitroso (96 por ciento viene del sector agrícola), y 396 mil toneladas de óxidos de nitrógeno.
Estas cifras podrían parecer insignificantes, pero si se mira las emisiones per cápita, Venezuela aparece como el líder de la región latinoamericana (ver cuadro Emisiones de CO2 pércapita por países, pag. 80). Por ello, adquirió algunos compromisos al firmar el Protocolo de Kyoto.
En el documento, Venezuela se ubica en el anexo I, con el resto de los países en vías de desarrollo, y entre sus atribuciones figura realizar un inventario nacional de emisiones de gases, en el que se detallen los niveles de producción de las sustancias reguladas y los sectores que las generan; elaborar una comunicación nacional en cambio climático, en la que se describa la situación y origen de las emisiones y las estrategias para su control; divulgar información sobre el tema, y crear un sistema nacional que vigile el cumplimiento de las estrategias.
Sin cifras
Mientras que los países del anexo I están obligados a entregar un inventario anual de sus emisiones, los que están en vías de desarrollo no tienen una periodicidad de entrega establecida. En Venezuela, el primero se realizó en 1999 sobre la base de las emisiones de 1990, y sólo se incluyeron cuatro: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y óxidos de nitrógeno. Pero hoy se sabe que hay otros involucrados: hidrofluorocarbono y clorofluorocarbono, que deberían ser incluidos en el próximo documento.
Según la viceministra de ordenación y administración del ambiente, Merly García, la cartera ya está trabajando en la cuantificación de emanaciones y se espera tener los resultados preliminares entre octubre y noviembre. “Estamos realizando monitoreos en todo el país. Por ejemplo, con la implementación de los vertederos de basura podemos reducir 15 por ciento las emisiones de metano y se prevé que en diciembre alcancemos 35 por ciento. En el parque automotor hemos reducido 10 por ciento el escape de dióxido de carbono. En agricultura y cambio del uso de la tierra, pensamos que vamos por 25 por ciento de las emisiones”, asegura García sin proporcionar cifras concretas.
A pesar de esto, Sánchez encuentra una dificultad: el poco seguimiento que se hace a las emisiones de GEI de cada sector y la incertidumbre en la producción actual de petróleo imposibilita la realización de un inventario confiable.
Lo que sí es seguro, según Sánchez, es que las emanaciones de GEI han aumentado en los últimos años, debido a dos factores: “El acelerado crecimiento del parque automotor y la introducción en el inventario de los impactos que producen las cuatro mejoradoras de crudo pesado”. Estos elementos le permiten concluir que, una vez se actualice el segundo documento, Venezuela estará sobre 0,48 por ciento. Lo que se contrapone a la meta de 0,36, según reveló a PRODUCTO una fuente del ministerio.
La situación con respecto a la Comunicación Nacional de Cambio Climático no dista de lo que ocurre con el Inventario Nacional de Emisión de Gases. Mientras que la mayoría de los países vecinos han entregado su tercer documento, Venezuela entregó el primero a finales de 2005. Su costo fue de 450 mil dólares (el Banco Mundial aportó 350 mil y el Ministerio del Ambiente 100 mil dólares).
Por su parte, la viceministra admite que “no nos podemos comprometer con algo hasta que no estemos muy seguros de poder responder. Nuestro retraso viene desde la firma, porque fuimos uno de los últimos países en sumarnos al convenio”. Agrega que ya se está trabajando en la segunda, que podría ser entregada en 2009, pero aún no ha asignado un presupuesto.
Centro descentralizado
Otro de los aspectos que incluye el Protocolo de Kyoto es la creación de la Oficina Nacional de Cambio Climático, que vigilaría las fuentes emisiones de GEI en cada nación. Aunque el convenio no exige a los países en vías de desarrollo el cumplimiento de esta norma, Venezuela es el único que no cuenta con esta dependencia.
En la gestión de Ana Elisa Osorio como titular de ambiente se creó el proyecto y definió su estructura. Pero, cuando se dio el cambio de ministros, no se materializó la idea. “Eso se echó a la basura”, comenta Osorio, que se encarga de la Gerencia Corporativa de Ambiente e Higiene Ocupacional de Pdvsa.
Lo cierto es que la creación de la oficina no está en los planes de la actual gestión: “Eso llevaría a la negociación de los bonos de carbono y de la soberanía nacional, y no estamos dispuestos”, afirma la ministra del ambiente, Yuviri Ortega. Y la viceministra la secunda: “El tema se ha convertido en una función transversal del Ministerio del Ambiente. No podemos decir que hay un presupuesto destinado sólo eso”.
Esto deja claro que en la práctica el Ministerio del Ambiente no centraliza estrategias para controlar las emisiones de gases de cada sector ni los presupuestos. En realidad, los proyectos se elaboran desde cada ministerio o empresa responsable y, una vez aprobado por el despacho, se ejecutan.
Estos factores le permiten a Sánchez concluir que no hay una política nacional para ajustarse al cambio climático: “El tema es multidisciplinario en la gestión pública, y creo que no fue correcto dejarlo únicamente a ese despacho. Están involucradas muchas industrias de diferentes áreas. El control debe ser una acción coordinada y no sólo desde el área energética y ambiental. Mientras no exista la oficina, tampoco habrá una política nacional orquestada”, argumenta Sánchez.
Posiciones enfrentadas
Una de las alternativas que propone el Protocolo de Kyoto para que los países desarrollados reduzcan sus emisiones son los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL). Son instrumentos financieros para los países en vías de desarrollo para recibir plataformas tecnológicas extranjeras y controlar las emanaciones.
El estado venezolano decidió no aplicarlos, pues se entienden como un mecanismo mercantil que da valor económico a los bonos de carbono. La ministra considera que condicionan el desarrollo del país: “Tenemos nuestros recursos, capacidad técnica y voluntad política. Si se acepta, se pierde la soberanía nacional de por vida”, asegura.
Pero Osorio piensa diferente: “Comparto que es una salida mercantilista. Pero podríamos utilizarlos como una forma de certificar nuestras reducciones y no venderlos, porque en Venezuela se están ejecutando proyectos con los que está controlando las emanaciones”, puntualiza, y considera que el Estado debería reevaluar la decisión, pues se pueden obtener beneficios. “Nos hemos planteado la idea de modernizar las plantas de compresión de gas y sustitución de tuberías, lo cual provoca fugas de metano, que es muy valioso. Y con esos recursos podríamos crear un fondo para propiciar la adaptación del cambio climático de los países más pobres del Caribe”, finaliza.
Futuro poco claro
A pesar de que desde hace algunos años se ejecutan proyectos orientados al ambiente, el Gobierno no tiene una política para prevenir los efectos del calentamiento global y de adaptación a los cambios climáticos. Tampoco se cuenta con un presupuesto para las estrategias que deben implementar los sectores industriales y empresariales.
El Protocolo de Kyoto es apenas el primer resultado de la Convención de la ONU sobre cambio climático. A fines de este año comenzarán las negociaciones para el segundo, que se estima termine el próximo año en Dinamarca.
“Se habla de algunos países en vías de desarrollo que tendrán que empezar a reducir sus emisiones, como Brasil, México y Suráfrica. Y aunque Venezuela no ha salido a la luz, sí se comenta que hay que vigilar a los productores y exportadores de petróleo”, afirma Sánchez.
TIPS PARA REDUCIR EMISIÓN DE GASES
Misión Árbol: la idea es que los lotes boscosos plantados capturen dióxido de carbono, gas que Venezuela emite en mayor proporción (71 por ciento del total de emanaciones). Desde hace dos años se han invertido unos 100 millardos de bolívares y reforestado 26 mil hectáreas en todo el país. La meta para 2007 es organizar 1.900 comités conservacionistas de 18 mil voluntarios, crear 1.300 viveros y reforestar 4 mil hectáreas con 4 millones de árboles.
Desechos: en 2006 se hizo una inversión de 16 millardos en 4 compactadoras de basura (dos estarán listas en noviembre y el resto en febrero de 2008) y 14 remolques sólo para la región capital en coordinación con las alcaldías. Para el interior se trabaja en la creación de 270 vertederos o rellenos sanitarios en tres años, en los cuales se invirtieron 258 millardos en 2006 y 188 millardos de bolívares en 2007. Según el Ministerio del Ambiente, ya se han ubicados 16 en todo el país.
Parque automotor: desde 2005 se eliminó el plomo de la gasolina y se compran 30 mil barriles diarios de etanol a Brasil para el combustible de los vehículos.
Transporte masivo: se ha activado la ampliación de las líneas del Metro de Caracas y la construcción del Metro de Valencia y Maracaibo, el ferrocarril a los Valles del Tuy y el trolebús de Mérida. Se están haciendo monitoreos a las unidades de transporte público y se han sustituido cerca de 800 autobuses en la región capital.
Misión Bombillos: lo ejecuta el Ministerio de Energía y Petróleo, y consiste en el cambio de 70 millones de bombillos fluorescentes, que gastan menos energía eléctrica.
Misión Agricultura: en coordinación con el Instituto Nacional de Tierras se trabaja para establecer procesos biológicos en lugar de químicos en los cultivos y controles de plaguicidas y fertilizantes en Mérida, Trujillo, Táchira y Zulia, y próximamente en Portuguesa y Guárico. El Ministerio del Ambiente desconoce la cifra de inversión en este proyecto.
DESDE LA BASE
Al suscribir el Protocolo de Kyoto, Venezuela asumió el compromiso de divulgar información. Según la ministra del Ambiente, Yuvirí Ortega Lovera, el trabajo se está haciendo desde abajo, es decir, con las comunidades, consejos comunales y escuelas a través de las mesas técnicas. “Cualquier miembro te habla con propiedad, y hasta en términos técnicos, sobre lo que es el cambio climático y sus consecuencias. Se está haciendo mucho, aunque no lo demostremos. Pero campañas de concientización así como tal, pues las normales: ‘No tales’, ‘no quemes’, ‘no contamines”, señala la ministra, aunque no hay un presupuesto asignado para esta área ni cuantificación de comunidades informadas. Fuentes internas del despacho aseguran que el mes próximo saldrá un encarte sobre ambiente en algunos diarios de circulación nacional, así como 2.500 ejemplares de un libro dirigido a estudiantes de bachillerato, en el que se informa sobre el problema del calentamiento global.
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Buenas noches
Me gustaría que por favor me hicieran llegar a mi correo electrónico, las fortalezas y debilidades de la aplicacion del Protocolo de Kioto en Venezuela.
Muy agradecida por dicha información.
Muchas gracias.