Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 8 | 09 | 2010

La AsoVAC en el Tiempo, En ocasión de los cincuenta años de su fundación

Febrero 2, 2010 por admin  
Publicado en Discursos

La AsoVAC en el Tiempo
En ocasión de los cincuenta años de su fundación
Claudio Bifano

Les aseguro que no es por la retórica que se estila en estos casos, o por simple cortesía, que deseo expresar mi más profundo agradecimiento a AsoVAC por haber asociado mi nombre a este acto en que se conmemora el cincuentenario de su creación.

Mi gratitud con AsoVAC, esa querida institución que algún día me abrió sus puertas, con generosidad y amplitud, para darme la oportunidad de aprender a conocer de cerca cómo y por qué se construyó la ciencia organizada en el país, es un sentimiento indeleble; y mi agradecimiento para los amigos que me han honrado con la distinción de confiarme la responsabilidad de preparar algunas reflexiones con relación a esta conmemoración y el significado pasado, presente y futuro de la institución, es tan grande como el compromiso que representa.

Tal vez la mejor definición de AsoVAC es la de una Institución que ha fundamentado el desarrollo de su obra en dos valores: autoridad moral y honestidad intelectual. Estos valores, que sentaron las bases de su creación, han seguido guiando la acción de todas las Juntas Directivas, sin excepción, en el empeño de ayudar a construir la ciencia organizada en el país.

Gracias a este empeño y al de otras Instituciones académicas y organismos del Estado, en estos momentos nuestro país cuenta:

- con un grupo de investigadores, pequeño, si se quiere, pero de alta calidad, capaz de competir internacionalmente;

- con una razonable infraestructura de equipos y laboratorios que permite trabajar en investigación según estándares internacionales, y

- con una producción científica que, aparte de hacer aportes valiosos al conocimiento universal y a la solución de problemas de interés específico para el país, contribuye sustancialmente a la formación de recursos humanos de muy alto nivel.

Las evidencias que soportan estas aseveraciones están bien documentadas, y para poder entender y valorar el esfuerzo que ha costado alcanzar lo que tenemos (mucho o poco), y conocer quienes han sido sus gestores, hay que referirse al pasado.

Es esta, pues una fecha buena para dar una mirada reflexiva a estos cincuenta años de la vida científica de nuestro país y a las situaciones que la han condicionado.

Una mirada al pasado

El nuestro, a decir de muchas personas, es un país que no ha hecho del cultivo de la memoria de las instituciones una de sus mayores virtudes; y por eso, aunque pueda parecer repetitivo, hay que recordar, cuantas veces como se pueda, cuales fueron sus orígenes, el momento en que fueron creadas, la visión y el compromiso de las personas que las hicieron realidad.

Para encaminarnos en esa dirección, intentaré hacer un recuento del porqué y como se creó la AsoVAC; una Institución que, al momento de su creación pudo parecer una fábrica de sueños, que el talento y el tesón de sus creadores convirtieron, en tiempo corto, en acciones, programas y, sobre todo, en logros.

La creación de AsoVAC fue un hecho que no obedeció, exclusivamente, al deseo de una o más personas de copiar un experimento que ya había tenido éxito en otros países. Al hacerlo, los fundadores de nuestra Asociación para el Avance de la Ciencia tenían en mente un espectro de ideas, que iba desde una concepción política de un sistema moderno para desarrollar la ciencia y la tecnología, hasta la organización de la infraestructura humana y material capaz de hacerlo competir internacionalmente.

En su mente no hubo improvisación; se habían trazado un programa de acción claro, que llevaron a cabo con el tesón y la convicción que da la seguridad de estar comprometido con una obra de envergadura, que en este caso, era contribuir a desarrollar el país a través de la actividad científica.

Para poder comprender los planteamientos de la política “de la ciencia” y “para la ciencia”, que comenzó a desarrollarse en el país, a partir de los años cincuenta, y que tuvo en AsoVAC uno de sus principales protagonistas, es conveniente leer cuidadosamente los editoriales de Acta Científica Venezolana del período comprendido entre los años cincuenta hasta finales de los setenta, los cuales me atrevo a decir sin temor de exagerar, que deberían ser rescatados y dados a conocer, pues, contienen muchas reflexiones, enseñanzas y propuestas que aún, en estos momentos, podrían servir de referencia para la planificación y la dirección de la actividad científica nacional, o como material de consulta para los estudiosos del tema.

En la década de los años cincuenta Venezuela transitaba la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; había una actividad científica incipiente en el país, escasa y dispersa, que se realizaba fundamentalmente en la Universidad Central y en algunos laboratorios de Institutos. También existía la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales y algunas Asociaciones Científicas por área del conocimiento. Para el gobierno la ciencia no era, por supuesto, un tema de gran interés, pero que no adversaba, siempre y cuando las peticiones de los científicos y los educadores, no le produjeran molestias, y pudiera servir para satisfacer algunos de sus objetivos. Efectivamente, en materia de ciencia, el gobierno tenía algunos planes, como por ejemplo, la instalación de un reactor atómico de gran potencia en la Gran Sabana, para “la utilización de la energía atómica con fines pacíficos, y para “..La fabricación de armas atómicas secundarias”, y la creación de un Instituto de Investigaciones Cerebrales, sugerido por el Doctor Humberto Fernández Morán, quien finalmente lo hizo realidad en 1954.

Algunas Sociedades Científicas e Instituciones de Educación Superior y de investigación se identificaban con el gobierno, bien sea por conveniencias personales de sus dirigentes, o simplemente, para obtener algún beneficio económico, que les permitiera desarrollar sus actividades. La condición que este ponía para darles el apoyo era no discutir, en foros abiertos y mucho menos disentir de lo que, para sus ideólogos, debía significar la relación entre la ciencia y la política o entre la ciencia y la educación. El ejemplo más evidente de esta manera de hacer las cosas fue el cierre de la Universidad Central, por haber manifestado discrepancias con el régimen y la consiguiente supresión de la autonomía universitaria, que determinó el retiro de un considerable número de profesores e investigadores que no aceptaron estas condiciones.

Pero, al margen de esta situación que se vivía en el país, se gestaba una corriente de pensamiento contraria, que sostenía que, solamente en un régimen democrático y sin restricciones adicionales a la capacidad intelectual de los individuos, se podía contribuir al desarrollo de la ciencia y garantizar su sentido universal.

Esta visión, que formaba parte del discurso de profesores investigadores de la Universidad como por ejemplo, Augusto Pi Suñer, Martín Meyer y Rudolph Jaffé, que habían llegado al país provenientes de otras partes del mundo que ya habían ensayado regímenes dictatoriales, fue muy bien comprendida por algunos jóvenes alumnos, como Francisco De Venanzi, Marcel Granier , Humberto García Arocha, Félix Pifano, Werner Jaffé y Alfredo Planchart, entre otros, que más tarde se convirtieron en los líderes de la nueva corriente, que logró dar forma a una comunidad científica libre de todo tipo de discriminaciones.

Con estas inquietudes en mente, y siguiendo el ejemplo de otros países de América Latina, en Venezuela comenzó a pensarse en la necesidad de crear una institución para el avance de la ciencia, semejante a la AAAS y a la BAAS.

Esta idea, impulsada por el Doctor Francisco De Venanzi, que regresaba de los Estados Unidos, después de terminar sus estudios de postgrado, fue seguida por un grupo entusiasta de jóvenes profesionales, entre los cuales hay que recordar a Vicente Peña, Enrique Tejera, Werner Jaffé, Herman Kaiser, Tobias Lasser, Félix Pifano, Eduardo Röhl, José Maria Cruxent, entre muchos otros,

- que estaban dispuestos a colaborar activamente en la organización de la ciencia;

- que estaban convencidos de “la necesidad de asegurar que la ciencia era producto de un esfuerzo colectivo, incompatible con toda actividad sectaria en el campo político, religioso o social”, y…

- que creían que la libertad de investigación no debía tener “más restricciones que las de orden ético y las del decoro”.

Estas convicciones fueron las que dieron forma a los Estatutos de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia: AsoVAC, al momento de su creación, el 20 de Marzo de 1950, en el Auditorio de la Cruz Roja Venezolana. La primera gran enseñanza de la AsoVAC puede decirse, entonces, que es política y que está basada en el principio de que la ciencia no puede tener condicionamientos políticos, aún cuando el Estado se reserve el derecho de orientar parte de los recursos que destina para su desarrollo, en programas que estime de interés para el país.

La creación de una organización para estimular el desarrollo de la investigación experimental, bajo criterios de amplitud y libre discusión de ideas, bajo las condiciones de un régimen dictatorial, aparte de ser una muestra de gran valentía, es signo de que los iniciadores de la ciencia organizada en el país, tenían una idea muy clara de lo que debían hacer para asegurar la creación de un sistema científico y tecnológico moderno. Y lo hicieron, manteniendo a la Asociación alejada de compromisos con partidos políticos, sin que esto significara que ellos, como individuos, no tuvieran convicciones y hasta compromisos políticos; que, sin embargo, nunca influyeron en su conducta como líderes y responsables de la organización y el desarrollo de la ciencia en el país.

Esta práctica, probablemente consecuencia del momento en que se creó AsoVAC, se ha mantenido a lo largo del tiempo y ha sido una de las bases fundamentales de esa autoridad moral que, como se mencionó anteriormente, constituye su verdadera fortaleza.

Después del 20 de Marzo, comenzó el trabajo de organizar la comunidad científica y crear los mecanismos para hacerla más visible a la sociedad. La necesidad de darle visibilidad a la ciencia, dar a conocer su importancia como actividad y acabar con la imagen del científico solitario y de la ciencia como asunto que solo estaba al alcance de gente de clima frío, también fue bien entendida por la recién creada Asociación que, bajo la conducción del Dr. De Venanzi, se abocó a darle vida a la actividad de los “… alrededor de ochenta investigadores censados sobre la base de trabajos publicados en agronomía, veterinaria, biología, química y geología…”, según el mismo refería, en 1975.

Para organizar la actividad científica, asegurar su difusión y garantizar un financiamiento acorde con su importancia, fue necesario crear programas de largo aliento, algunos de los cuales han perdurado hasta el presente.

Los editoriales de Acta Científica son, de nuevo, las referencias que nos remontan a las discusiones que sirvieron de base al futuro de la ciencia organizada del país. Temas de profundo significado, fueron los que dieron vida al plan de acción de AsoVAC, que, afortunadamente, en un plazo relativamente corto, pudieron convertirse en programas como la Convención Anual, la Revista Acta Científica Venezolana, el Festival Juvenil de la Ciencia y de la AsoVAC Juvenil; y en hechos tangibles como la transformación del IVNIC en el IVIC, la creación de la Facultad de Ciencias de la UCV y del Instituto Oceanográficos de la Universidad de Oriente, la organización de FundaVAC y del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central, y finalmente la creación del CONICIT, concebido para ” el estudio de la utilización de recursos naturales, agricultura, oceanografía, industria y aspectos sociológicos del pueble venezolano…”

Darnos cuenta que todo este trabajo se concretó entre 1950 y 1960, los primeros diez años de actividades de la AsoVAC, rinde una idea de la fuerza creadora de ese grupo de hombres y mujeres que la dirigieron y de su empeño de hacerle un gran servicio al país, a pesar de tener que trabajar, casi todo el tiempo, a espaldas del gobierno.

La segunda lección de AsoVAC es haber demostrado que para dar inicio a un proceso de desarrollo científico, que rompa con esquemas que es necesario romper, porque ya no son viables, y crear otros, es necesario que las nuevas propuestas tengan como base una reflexión seria que las justifique y que comprometa, además, a quienes estén en capacidad de producir resultados que las legitimen.

Otra lección que AsoVAC ha sabido dar fue su visión de futuro. Un futuro basado en la creación de nuevas instituciones para hacer ciencia, dentro y fuera de las Universidades y en un número cada vez mayor de profesionales integrados al proceso de generar nuevos conocimientos. Un futuro no improvisado fue el que contribuyó a crear la AsoVAC y pudo hacerlo porque sus dirigentes sabían que la planificación de la ciencia – con valor de uso o de interés académico – no se puede improvisar… y… mucho menos puede improvisarse la formación académica de los investigadores que estarán a cargo de hacerla.

Este recuento de los primeros años de vida de AsoVAC, basado en algunos documentos y uno que otro recuerdo relativamente reciente, puede que sirva, para reconocer el calibre del liderazgo de los que se dieron a esa tarea, para honrar su esfuerzo y su constancia y para reflexionar sobre el presente y, por qué no, sobre el futuro de esta Institución.

El presente

Estos cincuenta años han servido, pues, para construir lo que hoy tiene el país en ciencia y tecnología y para ello AsoVAC ha prestado su valiosa contribución. Como entonces, parece que hoy el país vive, nuevamente, un momento de cambio. Los cambios son necesarios, nadie lo discute. Siempre es conveniente revisar lo que se ha hecho para mejorarlo, y hay que hacerlo con prudencia, sabiduría y voluntad de servicio.

Es tiempo también para que AsoVAC actualice su programa de trabajo y revise sus objetivos y fines, para acercarse más al momento que vive. Al decir esto, ni por asomo estoy insinuando que AsoVAC haya perdido vigencia. Más bien, me atrevería a decir que, sigue siendo indispensable contar con una Institución no comprometida con ningún tipo de fuerza o tendencia política, que vele por los intereses de la ciencia en el país. Lo que sí creo conveniente sugerir es que se rediscuta el papel que le toca jugar ahora a la AsoVAC, cincuenta años después de su fundación, y creo, también, que es urgente llevar a cabo nuevas actividades, que en realidad no son tan nuevas, a través de las cuales se reafirme su liderazgo.

Hace veinticinco años el Doctor De Venanzi concluía uno de sus artículos de esta manera: ” Si bien en determinadas circunstancias me ha correspondido tomar iniciativas o figurar al frente de las mismas no debe pensarse que hubiesen sido posibles sin que existiese un estado de conciencia acendradamente progresista en el seno de la comunidad científica venezolana que ha permitido una labor cooperativa. De esta convicción surge el anhelo, que esperamos se materialice, de que podamos mantener siempre una cohesión suficiente, a fin de que nuestro país cuente con un vigoroso estamento científico y tecnológico, articulado sobre la responsabilidad creciente de dotar al país de su principal instrumento de progreso. ”

Esta manifestación de esperanza, ese llamado a la voluntad de los investigadores de mantenerse unidos para hacer los aportes necesarios para dotar al país de ” su principal instrumento de progreso”, que hacía entonces el Doctor De Venanzi, es perfectamente vigente.

Imaginamos hoy a la AsoVAC llamando a la comunidad científica para discutir sobre las políticas de la ciencia y para la ciencia que más conviene poner en práctica actualmente, a la luz de los cambios que se están produciendo, entre los cuales uno muy importante es la aparición en escena del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

En un editorial de Acta Científica de 1975, se decía que AsoVAC debe “….Utilizar su prestigio de institución no comprometida políticamente para propiciar una clarificación de objetivos, la sinceración de intenciones y el aglutinamiento de voluntades con el fin de compaginar las tendencias que se ponen de manifiesto a la hora de elaborar planes de política científica, para que estos sean consistentes con nuestra realidad….”

AsoVAC siempre ha sido un organismo vigilante y crítico, en el mejor sentido de la palabra, de las acciones que emprenden los organismos encargados de la planificación y del financiamiento de la ciencia y la tecnología. Por lo tanto, me atrevo a decir, que está en la obligación de hacer oír su voz, de manera mesurada y con argumentos bien pensados, para manifestar acuerdos o desacuerdos sobre políticas y programas de ciencia y tecnología.

Por la tradición heredada y por ser la organización que representa al movimiento científico nacional, es indispensable que haga un llamado a la comunidad científica, para que se aboque a esta tarea.

Para los fundadores, la organización de programas como la Convención Anual, la edición de Acta Científica Venezolana, el Festival Juvenil, etc. fueron los medios a través de los cuales dieron vida a sus ideas. Fueron la forma de expresar el resultado de sus reflexiones, basándose el conocimiento de la realidad del país que les tocó vivir. Ahora, como se dijo anteriormente, parece que vivimos un momento en que, además de organizar eventos y editar revistas, cuya importancia no está en discusión, necesitamos a una AsoVAC que sea la tribuna de los investigadores, para hacer sugerencias y críticas constructivas, para manifestar sus preocupaciones y hacer planteamientos con visión de futuro, en un lenguaje de altura y con la clara intención de contribuir a poner en práctica una política exitosa de ciencia y tecnología. En una AsoVAC con un liderazgo vigoroso, que logre ser aceptada como el Organismo asesor del Estado, en sus más altos niveles, en materia de ciencia y tecnología, tal como ocurre con organizaciones similares de otras partes del mundo y con una gran capacidad de convocatoria de los investigadores para realizar su tarea.

Tal vez pueda resultar oportuno, en este momento, traer nuevamente a la discusión una iniciativa de mediados de los años setenta, que apuntaba a la integración de AsoVAC con las Sociedades Científicas activas que se han organizado en el país, a fin de compactar más el movimiento científico nacional y acordar, conjuntamente, algunos cambios que podrían servir para darle una nueva orientación a la Convención Anual y, tal vez, a algún otro programa; y, también para hacer oír una sola voz, a la hora de discutir sobre la ciencia y para la ciencia nacional.

Algunas preocupaciones para un posible “plan de trabajo”.

Siempre es tiempo de pensar y también de soñar para que no acaben las ilusiones. Pero ahora, además, es tiempo de comprometerse, de nuevo, con el futuro de nuestra actividad como profesionales de la ciencia.

De nuevo, “qué hacer” para mantener y desarrollar una actividad científica acorde con el tiempo, y “cómo hacerlo”, en estos tiempos y con recursos limitados, constituye el reto que, AsoVAC, como líder de la comunidad científica, puede y debe asumir, por supuesto con el apoyo de la comunidad de investigadores y de otros actores convocados para pensar y proponer soluciones. Soluciones a algunos problemas que ya son crónicos y a otros, de más reciente data, que se nos están presentando debido a la peligrosa sensación de inseguridad que produce la aparente dificultad de salir de la crisis económica que atraviesa el país.

A manera de ilustración de lo dicho, bastará repetir, una vez más, que la ciencia sigue siendo un asunto de interés marginal para los decisores de las políticas de Estado, a pesar del número de veces que se ha repetido este “ritornello”, y, no hay duda que este es un problema crónico. Por otra parte, constatar que, un número cada vez más considerable de jóvenes profesionales, con una excelente formación a académica está emigrando, por no encontrar oportunidades de hacer una carrera en el país, es un problema nuevo para nosotros, al que no estoy seguro que se le esté dando la bebida consideración y asignando la importancia que tiene para el futuro del país.

Otro problema de vieja data, para el cual no hay todavía soluciones del todo satisfactorias, es el de la educación superior y la formación de los futuros profesionales de la ciencia.

Los planes de becas para la formación de nuevas generaciones de investigadores y su inserción a los Institutos de Educación Superior y de Investigación y en la industria nacional, el nivel de los programas de postgrado que ofrecen las Instituciones de Educación Superior y de investigación del país en ciencia y tecnología, la estructuración definitiva de programas postdoctorales, capaces de enseñar a través de la investigación, y otros más, son asuntos que tocan la esencia misma de AsoVAC.

Hace treinta años, al celebrarse el vigésimo aniversario de AsoVAC, el entonces Secretario General decía lo siguiente: “se hace necesario crear conciencia sobre lo fundamental que es el aporte de la gente bien preparada al proceso de educación ….Al punto que si queremos garantizar una base sólida para el desarrollo, no debe haber investigadores que no dediquen parte de su tiempo a la docencia, ni docentes que no sean investigadores…”. Este tema, a pesar de lo trillado, sigue siendo, pues, materia de búsqueda y puesta en práctica de soluciones.

La evaluación de las políticas establecidas para el desarrollo de la ciencia y tecnología y de sus resultados, es otro de los asuntos de interés para una Asociación para el Avance de la Ciencia.

Recientemente se han establecido varios programas de financiamiento que promueven la formación de grupos de investigación; el uso más eficiente de la infraestructura de laboratorios; la integración de esfuerzos para impartir una mejor enseñanza de postgrado y el apoyo a Instituciones de Educación Superior que aún no han podido lograr desarrollarse académicamente, solo para citar algunos. Programas que, en cierta forma desestimulan la labor individual de los investigadores y apuntan, mas bien, a la integración de esfuerzos, para la generación de investigación de mayor impacto y pertinencia social y cuya intencionalidad es, también, producir acercamientos entre las instituciones de educación superior, ciencia y tecnología, para que se fortalezcan mutuamente.

La validez de estas premisas, y la evaluación de los resultados obtenidos, o los que puedan obtenerse, de esos programas y de otros más tradicionales, deberían ser objeto de consideración de la comunidad científica, para su legitimación o, de ser necesario, para su modificación.

Para finalizar este listado de reflexiones, hecho a vuelo de pájaro, que pudiera tal vez servir de inicio para elaborar una posible agenda de trabajo, sería bueno incorporar a la discusión, otro asunto esencial para definir el “para qué” de la ciencia y de la tecnología: la interacción entre la investigación científica y la producción de bienes y servicios para la sociedad. Sabemos que la ciencia es una profesión que consiste en la organización sistemática de datos y de observaciones y en la conjugación de formas e ideas aparentemente desligadas, cuyo valor de uso es mayor mientras más actual sea su tema al que se refieran. Sabemos también que los aportes de la ciencia tienen un valor que aumenta en la medida en que puedan producir respuestas que contribuyan a elevar el nivel de vida de la humanidad; o, dicho de otra manera, a producir conocimiento que pueda convertirse, a corto plazo, en algún bien o servicio, útil para la sociedad.

Pero alcanzar este objetivo no es trivial.

Se mencionó anteriormente que nuestra comunidad científica ha demostrado que está en condiciones de hacer investigación básica de calidad, reconocida internacionalmente y que disponemos de la infraestructura básica necesaria para hacerla. Pero, a pesar de los esfuerzos que se vienen realizando, desde hace decenas de años, para establecer una necesaria relación entre los generadores de conocimiento, los productores de bienes y servicios y el gobierno, y casi a despecho de los programas que se han diseñado para ese fin, hay que reconocer que esa relación aún no existe.

Entender la investigación como una actividad de interés estratégico para el país, es un concepto que todavía no se han logrado digerir completamente ni los investigadores, ni los empresarios ni el gobierno. Solamente débiles intentos y pequeños resultados nos producen, a veces, la ilusión de que estamos en la vía de lograr esta meta.

Pero todavía es solamente una ilusión.

Creo recordar que, en ocasión de conmemorar los cuarenta años de FundaVAC, Ignacio Avalos, entonces Presidente de CONICIT, preguntaba cual era el sueño de la comunidad científica. Esta buena pregunta, quizá, sería bueno hacérsela también a los capitanes de nuestra industria y a los funcionarios del gobierno, con quienes los investigadores comparten la responsabilidad de continuar construyendo el país.

En cuanto a la comunidad científica, lo hemos dicho ya;… ha crecido, tal vez, más en calidad que en cantidad; y también está dicho… que el país cuenta con una reserva de gente capaz de generar y usar el conocimiento científico. Lo que todavía hace falta es crear vías adecuadas para que la ciencia pueda acercarse más a sus necesidades reales.

Indudablemente es tarea del Estado establecer un modelo económico que demande ciencia y tecnología, que oriente las estrategias de crecimiento de nuestra industria y, hasta donde sea conveniente, canalice la actividad de investigación que se desarrolla en las Universidades e Institutos.

No es difícil comprender que un crecimiento de la actividad científica y la formación de un número cada vez mayor de profesionales que se dediquen a ella, sin que haya más usuarios que las Instituciones Académicas, tiene un valor limitado, por la rápida capacidad de saturación que estas tienen y también porque ya ha pasado el tiempo en que necesitábamos probar que teníamos capacidad para hacer ciencia buena y útil.

Lo que queda por demostrar es que también somos capaces de crear un aparato productor de bienes y de servicios, que use de manera creciente el conocimiento científico, para afianzarse definitivamente como fuerza motora del país.

Podría ser tarea de AsoVAC, con el apoyo de FundaVAC, retomar la iniciativa de crear un espacio de discusión entre investigadores, industriales y funcionarios del gobierno, que tienda a sugerir posibles formas de cooperación, a disipar la desconfianza que aún existe entre las partes, y contribuir, en fin, a crear las condiciones necesarias para el logro de una colaboración más efectiva entre el sector académico y el de la producción.

Sin otra intención que presentar algunas ideas que, a mi juicio, atañen al presente y al futuro de la actividad científica del país y a la puesta en marcha de un nuevo modelo para su desarrollo económico, intensivo en conocimientos y basado en políticas concretas que privilegien su transmisión y utilización, es que, con mucha modestia, me he tomado la libertad de presentarlas, como una reflexión derivada de un genuino interés por el futuro de esta Asociación.

La visión que animó a los fundadores de AsoVAC, y el compromiso que asumieron al crearla, fue que esta Institución estuviera al servicio de los mejores intereses del país, a través del trabajo de los hombres de la ciencia. Estoy seguro que esta visión es compartida por los colegas que hoy tienen la responsabilidad de dirigirla y que, con toda seguridad, será la de quienes, en el futuro se encargarán de mantenerla activa.

Este es el espíritu de AsoVAC.

El espíritu con que se creó y con el que ha transitado estos primeros cincuenta años de su vida ….y el que la acompañará en el futuro.

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