Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 4 | 09 | 2010

Marcel Roche, el director fundador del IVIC

Marcel Roche

Dr. Marcel Roche

Hoy 9 de febrero es otro aniversario del IVIC . A propósitos de ese nuevo aniversario recordemos el legado de su primer director Marcel Roche, bajo cuyo mandato seminal se dieron las bases de la institución, alojando a un núcleo de la comunidad científica venezolana en crecimiento, integrada por investigadores venezolanos y extranjeros y jóvenes nacionales interesados en iniciarse en una nueva carrera: la del investigador científico profesional en la Venezuela de 1959.  Antes, todo eso  había sido un sueño. La labor de Roche como constructor de instituciones comienza en los años cincuenta cuanto Venezuela sufría la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.

Fue un 15 de agosto de 1920 en una Caracas atemorizada por el gobierno de Juan Vicente Gómez cuando nació Marcel Roche Dugand (1920- 2003) Sus primeros años los vive en esa Caracas del centro; pero a casi al inicio de la pubertad fue enviado a Francia en una práctica habitual de su familia, donde los hijos varones se educaban fuera del país; luego estudió medicina en la Universidad de John Hopkins (1946), luego, sigue en Baltimore y New York los habituales estadios de la práctica médica de un recién egresado, regresando al país en 1951.

Tempranamente se asocia con Francisco DeVenanzi, para organizar y ponen en funcionamiento el Instituto de Investigaciones Médicas de la Fundación Luis Roche (FLR) (1952), de carácter privado; esta institución  se convirtió en el refugio de profesores como el propio DeVenanzi y de estudiantes, algunos de ellos becados en el exterior, que fueron expulsados de la Universidad Central de Venezuela por no compartir la ideas políticas del régimen del General Marcos Pérez Jiménez. Eran tiempos en que las autoridades de la UCV y de la ULA, únicas universidades públicas, eran nombradas a dedo por el Ministro de Educación de entonces y, por supuesto, no existía ni el cogobierno y las asociaciones profesorales y las estudiantiles estaban en la mira del régimen por simplemente protestar por tales medidas.

En la FLR, se unieron también jóvenes profesionales llegados del exterior como Luis Carbonell, Gabriel Chuchani entre otros, con veteranos como el alemán Karl Gaede para hacer investigación. Por su parte Roche inicio líneas de investigación de tipo básico pero pertinentes como se dice ahora; una de ellas, relativa a las anemias de las poblaciones rurales venezolanas, azotadas en ese entonces por la anquilostomiasis; partió del estudio del origen y destino de los glóbulos rojos, el metabolismo férreo y la nutrición en los individuos; junto con Miguel Layrisse, Estela DiPrisco y María Enriqueta Tejera de Pérez-Giménez, mide la cantidad de hierro que era reabsorvido, cuando se usaba cromo y hierro. Y, junto con DeVenanzi, hizo el primer estudio serio sobre el bocio endémico en Venezuela, utilizando para la medición el yodo radioactivo y determinando que la enfermedad no difería de la que existe en otras áreas semejantes. A partir de esta investigación se recomendó al gobierno yodar la sal para consumo humano, profilaxia que si fue acogida por el gobierno de Colombia, disminuyendo sensiblemente la presencia del bocio; en Venezuela, esa práctica sólo fue puesta en práctica a partir de los ochenta.

En enero de 1958, cuando el pueblo de Caracas despide al dictador Pérez Jiménez, Roche – a solicitud de la Junta Cívico-Militar- se encarga de la jefatura del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), que había sido fundado en 1955 por Humberto Fernández Morán (1924-1999). Luego que una Comisión Interventora del IVNIC dictaminara la necesidad de crear una institución con distinta base organizativa y filosófica, dando lugar el 9 de febrero de 1959 al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

Roche se convirtió en primer director del IVIC, al ser electo por la Asamblea de Investigadores de la institución, entidad que no existía en el IVNIC, para un período de 4 años y cuya decisión fue ratificada por el gobierno de entonces. Durante tres periodos, los investigadores del IVIC lo eligieron para la jefatura de la institución (1959-1969), donde, a  la par de conducir el Instituto, encontró tiempo para seguir sus investigaciones sobre las anemias rurales y el bocio endémico, así como escribir ensayos y textos sobre la política científica y la historia de la ciencia en Venezuela (Vid lista de publicaciones)

Desde sus inicios en el IVIC, Roche entendió perfectamente como la heterogénea comunidad de investigadores, técnicos, empleados administrativos, obreros y estudiantes, que recién se estaba formando en Pipe en los años sesenta, con sus diversos grados de entrenamiento, talentos y necesidades, todos ellos eran necesarios para que el sueño de hacer ciencia, y de la buena, fuera una realidad en Venezuela. A este sueño dedicó directamente 10 años, acompañado del grupo de investigadores pioneros del Instituto Y cuando el dejó la dirección del Instituto (1969), tuvo la enorme satisfacción de constatar como el IVIC podía andar con sus propios pies. Andando el tiempo, presenció el relevo generacional, tanto a nivel del cuerpo de investigadores, entre ellos el suyo, como de los directivos del Instituto. El IVIC podía seguir funcionado sin su fundador, toda una proeza en nuestro medio. Roche había echado bien los cimientos: había una comunidad de investigadores venezolanos con algunos extranjeros que participaba en la empresa universal del conocimiento, aun desde un instituto ubicado en un país subdesarrollado como Venezuela.

La huella de Roche también se puede hallar en diversos aspectos que llenan de orgullo a los integrantes del IVIC como la Biblioteca, la conjunción de arte y ciencia en sus jardines y en las paredes de los edificios; pero hay otra que suele pasar desapercibida, pero que no es menos importante, y que han contribuido a que no solo la planta de investigadores creciera, sino también a que los demás trabajadores del Instituto se sintieran parte del mismo; tal es el caso del propio comedor del IVIC que sirve a todos; otro tanto, es la Caja de Ahorro del Instituto y la idea temprana que los empleados y obreros debían estar amparados por un contrato colectivo, así como otros servicios de seguridad y bienestar médico a cargo del propio IVIC. Y por supuesto, el Jardín de Infancia Beatriz Roche.

Fue ante todo un científico de las dos culturas , combinando las ciencias con las humanidades y ciencias sociales; gracias a él, la Antropología y los Estudios Sociales de la Ciencia han tenido cabida en el IVIC; autor de una rica producción de divulgación que le hizo merecedor al Premio Kalinga (1987).

Como todos los pioneros de la ciencia, Marcel Roche tiene diversas facetas; pero quiero recalcar una de ellas: su inmenso amor por esta tierra, Venezuela. Amor que se había reforzado por su exilio, como él denominó a esos veintidós años que pasara formándose en el exterior. Él, en sus propias palabras lo cuenta así: “Cuando vi desaparecer gradualmente las costas de mi Venezuela, sentí que me estaba exilando. Me arrancaban de cuajo del terruño donde yo pertenecía”. Y cuando regresó definitivamente en 1951, cuenta que “… sentí que por fin había llegado a puerto y que podía bajar el ancla. Venía de prestigiosas universidades norteamericanas y tenía en el bolsillo un bachillerato francés, pero no quise jactarme de ello y mantuve -tal vez por timidez que me es natural- un ‘perfil bajo’. Estaba dispuesto a ayudar a la gente, no diferenciarme de mis compatriotas ni destacarme sobre ellos” .

No ocurrió así. Pronto se convirtió en parte de los dirigentes de la ciencia que en los años cincuenta emergió de la ASOVAC, siendo su Secretario General (1957-1958), en el Presidente fundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnologícas (CONICIT) (1969-1972), ahora FONACIT; el editor fundador de la revista Interciencia.  Pero sobre todo, en el líder respetado por sus pares científicos tanto en la el Instituto de Investigaciones Médicas de la Fundación Luis Roche, y en el IVIC, haciendo del mismo un centro abierto a todas las disciplinas de la ciencia y al talento de los venezolanos, hombres y mujeres que adecuadamente entrenados quisieran hacer ciencia original. Su norma como gerente de la ciencia, fue el dejar hacer, y al actuar así, dejo crecer a la gente, bajo exigentes parámetros de excelencia, como lo ha apuntado Miguel Laufer .

Yajaira Freites, AsoVAC-Caracas

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