Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia. 23 | 04 | 2014

El petróleo liviano y barato se está acabando, pero el pesado….

El Nacional reproduce un artículo realizado por Wafra, un grupo de asesoría de inversiones  propiedad del gobierno de Kuwait,  sobre la próxima frontera del petróleo, indicando que el petroleo liviano y “fácil” está llegando a su fin; pero eso no significa que la era de los hidrocarburos estaría llegando a su fin, por cuanto queda el denominado petróleo pesado… ¡que suerte tiene Venezuela!, pero el problema es que hay que desarrollar tecnologías; ya los saudies y kuwaties han empezado a explorar para extraer este tipo petróleo en un campo petrolero de una zona neutral que comparten; se ha involucrado a Chevron con experiencia en Tailandia y California,  pero Chevron han comprobado que  el proyecto, mucho más complejo que lo que antes habían hecho , costará miles de millones de dólares y demorará décadas en completarse.  Se transcribe el artículo que también trae datos del Instituto de Geología de los Estados Unidos respecto una estimación de depositos de crudo pesado por región.

EL NACIONAL – Miércoles 25 de Mayo de 2011 Wall Street/6

La carrera por conquistar la próxima frontera del petróleo

BEN CASSELMAN

WAFRA, Kuwait– La península arábiga ha abastecido al mundo de petróleo desde hace cinco décadas. Si puede seguir haciéndolo y durante cuánto tiempo dependerá de proyectos como el que se desarrolla aquí, en las arenas del desierto junto a la frontera entre Arabia Saudita y Kuwait.

Arabia Saudita se convirtió en el mayor productor mundial de petróleo al recurrir a sus vastas reservas de crudo liviano, fácil de perforar y de alta calidad. Pero en momentos en que aumenta la demanda de energía y los pozos de “crudo fácil” comienzan a secarse, los sauditas se ven obligados a acudir a una fuente mucho más complicada: los miles de millones de barriles de petróleo pesado atrapados en la profundidad del desierto.

El petróleo pesado, a veces espeso como la melaza, es más difícil de extraer del suelo que el petróleo liviano y cuesta más refinarlo para convertirlo en gasolina. Sin embargo, Arabia Saudita y Kuwait se han embarcado en un ambicioso experimento para sacarlo del pozo petrolero de Wafra, ubicado en una porción poco habitada del desierto compartida por los dos países.

El hecho de que los sauditas estén considerando un proyecto de esta naturaleza pone de manifiesto lo difícil y caro que se está volviendo satisfacer la sed mundial de petróleo. También sugiere que incluso los sauditas podrían no estar en condiciones de incrementar la producción con rapidez en el futuro si la demanda aumenta de forma imprevista. Ninguna de estas cuestiones augura un regreso del petróleo barato a largo plazo.

“El petróleo fácil se está acabando”, sostiene Alex Munton, analista de Medio Oriente en la consultora escocesa Wood Mackenzie. Los pozos petroleros más importantes en la región del Golfo, sostiene, han bombeado más de la mitad de su crudo, punto a partir del cual la producción tradicionalmente comienza a declinar.

La Administración de Información de Energía de Estados Unidos afirmó este mes que el consumo mundial de crudo alcanzaría un récord de 88 millones de barriles diarios este año. La crisis en Libia y un crecimiento más moderado de la producción en los países occidentales mantendrá el suministro en un nivel bajo, lo que impulsará los precios, indicó. La agencia proyecta que la cotización del petróleo promediará US$103 el barril este año, un aumento de 30% frente al año pasado, y que será más alta el año próximo.

Nadie sugiere que los países del Golfo se estén quedando sin petróleo. El crudo pesado, aunque es difícil de extraer, es abundante. Se cree que sólo Medio Oriente posee alrededor de 78.000 millones de barriles de petróleo pesado que actualmente es recuperable, más de 3,5 veces las reservas totales de EE.UU.

El Servicio Geológico de EE.UU. estima que hay unos tres billones (millones de millones) de barriles de petróleo pesado en el mundo, alrededor de 100 años de consumo global a los niveles mundiales actuales. El problema es que sólo una fracción –unos 400.000 millones de barriles– puede ser recuperada con la tecnología existente.

Nuevas técnicas, como las que se están probando en Wafra, podrían liberar una cantidad mayor.

“Cuando la gente habla de cómo nos estamos `quedando sin petróleo’, no están contando el petróleo pesado”, señala Amy Myers Jafe, directora del Foro de Energía del Instituto Baker para Políticas Públicas de la Universidad Rice, en Houston, EE.UU.

“Hay una gran cantidad de recursos allí… Es sólo cuestión de desarrollar la tecnología”.

Para acceder al petróleo pesado de Wafra, trabajadores inyectan vapor al suelo para calentar el crudo y hacerlo menos viscoso, lo que permite que fluya hacia la superficie. La técnica es complicada, cara y no fue probada en el tipo de roca que recubre el crudo de Wafra.

Para la mitad final del proyecto, los sauditas han incorporado la ayuda de Chevron Corp., que tiene décadas de experiencia en la extracción de petróleo pesado de campos en California y Tailandia. Además, es una oportunidad insólita para que una petrolera occidental pueda quedarse con una participación en las mayores reservas petroleras del mundo.

Pero también supone una apuesta incierta. El proyecto, mucho más complejo que lo que Chevron ha hecho antes, costará miles de millones de dólares y demorará décadas en completarse. Y será Chevron, no los sauditas, quien aporte el capital necesario para que la iniciativa pueda operar y corra con el riesgo en caso de que no resulte.

El yacimiento petrolero de Wafra se ubica a casi 50 kilómetros de la costa del Golfo Pérsico, junto a una carretera con cables de electricidad, cañerías y algún grupo ocasional de camellos que atraviesa el desierto. Detrás de las puertas custodiadas del campo petrolero, cientos de bombas trabajan lentamente. Alrededor de 45% del crudo de Wafra termina en EE.UU. Ese es el crudo fácil de bombear. El gran premio: los 25.000 millones de barriles de petróleo pesado.

Chevron está realizando lo que representa una prueba de cuatro años y US$340 millones en un pequeño rincón de Wafra. Los resultados han sido alentadores.

Hasta noviembre, los pozos producían 1.500 barriles por día, siete veces lo que producían antes de que comenzaran las inyecciones de vapor en 2009.

Arabia Saudita y Kuwait están siguiendo de cerca los resultados.

Príncipes, emires, ministros y embajadores han visitado la oficina en el campo del proyecto, incongruentemente decorada y con pisos de mármol. “Todos miran de cerca nuestro proyecto”, afirma Ahmed Al-Omer, presidente de la división saudita de Chevron.

El consumo global de petróleo, impulsado por la enorme demanda en China e India, aumentó 2,3 millones diarios el año pasado, un incremento de 2,8%, según cifras del gobierno de EE.UU., la segunda mayor alza en 30 años.

En tanto, la producción petrolera en los países occidentales apenas crece. Eso significa que el mundo depende cada vez más de la producción de los países de la OPEP y en especial de Arabia Saudita, su miembro dominante.

“Todos los países en Medio Oriente deberán comenzar a pensar en estas reservas (de petróleo pesado)”, afirma Andrew Gould, presidente del gigante de servicios petroleros Schlumberger Ltd., que ha trabajado en varios proyectos de petróleo pesado en la región.

Algunos ya intentan acceder a sus reservas de esta clase de crudo. Bahréin afirmó que espera duplicar o triplicar la producción de su pozo Awali al apuntar al petróleo pesado con la ayuda de Occidental Petroleum Corp.

En 2009, Abu Dhabi emprendió un proyecto piloto con la estadounidense Praxair Inc. para impulsar la producción de petróleo pesado en su pozo Zakum. Omán también cuenta con un ambicioso proyecto.

El de Wafra, sin embargo, supera con creces a todos los demás en la región. Si los sauditas y los kuwaitíes deciden inyectar vapor a todo el pozo, duplicaría el tamaño del mayor proyecto de vapor en operación en Indonesia. En última instancia, esperan recuperar alrededor de 6.000 millones de barriles de petróleo.

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